Capítulo 12 Gritos en el edificio por la noche

Verónica entra con la cabeza gacha, los hombros caídos y la mirada un poco perdida. Se sienta en la silla delante y espera, en silencio. 

Vaya, vaya. Nunca pensé que la vería así. Tan rápido se le pasó su momento de diva engreída. Finalmente, la bestia rosa se apaciguó. Bastó un simple error. 

Per...

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