Capítulo 2 Capítulo 2: Capturada infraganti

Capítulo 2: Capturada infraganti

Mi corazón se detuvo en cuanto lo vi frente a mí, aún no se había bañado, de hecho aun él aún estaba en bóxers mientras el vapor de la ducha caliente salía detrás de él iluminando como una especie de ser divino. Mis ojos recorrieron desde su rostro de facciones duras, una leve barba creciente con un corte en la ceja como de una herida vieja ya cicatrizada, su cuerpo de hombros grandes y definidos, su pecho, su abdomen, y la curva de su pelvis en "v" que cubría su ropa interior en el bulto de su...

Él aclaró su garganta.

No fue hasta ese momento que me di cuenta de que yo me había quedado mirando el bulto de su entrepierna con completo descaro. Me forcé a mirar su cara otra vez, él no me quitaba la mirada de encima.

-¿Qué estabas mirando? -rompió el silencio, su voz profunda, ligeramente ronca.

Mi rostro se tornó rojo porque para ambos fue MUY evidentemente lo que yo había estado mirando, de repente tenía mucho calor. Él era muy alto, su piel ligeramente bronceada por el sol, lucía sudado y... sucio.

¿Por qué me parecía tan sexy que luciera sucio?

-¿Puedes hablar? -soltó al ver que me había quedado simplemente ahí mirándolo.

Sentía que mí lengua se la había comido un ratón.

-Yo... -no encontraba mi voz y él me interrumpió diciendo:

-¿Estabas espiandome?

-Sí... Eh, ¡No! -cerré los ojos negando con la cabeza, ¿qué pasaba conmigo? ¡¿Por qué no podía moverme?!

-¿Entonces quiere decir que no eras tú la que me veía por la ventana -dio un paso hacía mi y yo dejé de respirar- y luego te ocultaste debajo de la encimera?

¿Me había visto?

Me quedé muda, congelada, con mucho miedo y no me podía mover.

Él se inclinó hacía mí, todo mí cuerpo temblaba por su cercanía amenazante pero, no podía moverme.

-¿Volviste a olvidar como hablar? -alzó una ceja.

«¡Reacciona! ¡Debes reaccionar! »

-No, eh, señor Roy, lo siento -susurré con el corazón jodidamente acelerado-. Es que entré en pánico.

Al escucharme pareció ligeramente más calmado y sus ojos se estrecharon.

-¿Por qué? -preguntó.

«Porque estaba pensando en el tamaño de su miembro» Mi rostro enrojeció aún más si es que eso era posible.

-Porque no lo conocía -solté- y yo estaba en la madrugada diambulando por aquí en su casa no quería molestarlo, yo... soy... amiga de Valeri.

Él solo me observó por un momento y respondió:

-Lo sé.

Ante mí rostro desconcertado de que de hecho él sabía quien yo era, él dijo:

-Valeri siempre habla de ti y tiene fotos de ustedes -sentí que su mirada se profundizó en la mía-, claro que te he visto.

No sé por qué eso sonó diferente, su tono profundo, íntimo, incluso algo... seductor. El ambiente entre nosotros volviéndose cerrado hasta casi insoportable ¿O eran ideas mías?

«Claro que deben de ser ideas tuyas, es un hombre demasiado mayor para ti»

Joder, tenía que calmarme.

Pasé el peso de un pie a otro y me crucé de brazos ocasionando que mis pechos resaltaran, por medio segundo él bajó la mirada a ellos, sus ojos grises de repente más oscuros y como si se hubiera dado cuenta de lo que hizo dio un paso atrás como si yo lo hubiera electrocutado.

No fue hasta ese momento en que recordé que llevaba mi pijama de verano, un pantalón muy corto junto con una camisa de tirantes de satén que no dejaba mucho a la imaginación. Me iba a derretir del calor, y mis pezones traicioneros no dejaban de presionar la tela de mi camisa.

-Creo que es mejor que vuelvas a subir, Alba. -su voz más grave que hace un momento, sus ojos como los de un animal enjaulado al que están por abrirle la puerta.

«Se sabe mi nombre».

Era muy consiente de que mis ojos estaban brillando por sentir que había conocido al amor de mi vida en carne y hueso. Mi respiración subía y bajaba con rapidez, todo mi cuerpo vibraba en calor, una fantasía sexual andante para una virgen como yo, solo que no sabia que iba a ser... el papá de mi mejor amiga.

-Deberías estar durmiendo, tu y mi hija mañana tienen escuela. -dijo enfatizando la palabra "tu y mi hija", de seguro le resultaba incómodo que yo estuviera comiéndomelo vivo con la mirada.

«¿Qué te pasa? ¡Lo estas haciendo sentir incómodo! »

-Sí. Mucho gusto, por... cierto -susurré observando como él pasaba una mano por su mandíbula y por inercia me mordí el labio pensando en como se verían mis dientes raspando su piel.

«Contrólate»

Él miró mi boca, antes de volver a mirar mi rostro, él gesto de su cara había cambiado, lucía de repente tenso y distante.

-Mucho gusto. -respondió en tono tan bajo que me erizó la piel- Buenas noches.

-Buenas noches -afirmé con la cabeza-, señor Roy.

Mis pies por fin respondieron y me di media vuelta a la escalera, sentí su mirada seguirme hasta que terminé de subir y él volvió a encerrarse en el baño.

Respiré.

¿Pero qué había sido eso?

Nuevamente me acosté en la cama pero no pude dormir pensando en que me había flechado de un amor imposible.


-¿No piensas despertar? ¡Tenemos la presentación!

La voz de Valeri me hizo ponerme una almohada en la cabeza.

-Déjame dormir. -repliqué.

Ella me quitó la almohada y me golpeó con ella, al ver que no le correspondí ella dijo:

-¿No dormiste nada anoche?

-No. -cerré los ojos.

-¿Por qué?

«Vi a tu papá semidesnudo y me imaginé toda la noche miles de escenarios en mi cabeza».

-No parabas de roncar. -me limité a decir.

-Lo siento es por mis alergias.

-No te preocupes... Solo dame 10 minutos.

-Como quieras -dijo saliendo de la habitación.

Me voltee viendo el techo y luego me di una ducha para vestirme, la realidad era que no quería verle la cara al señor Roy tras lo ocurrido anoche. Así que también evité desayunar. Me coloqué mi horroroso uniforme de falda negra y camisa blanca a botones. No esperaba para graduarme e ir por fin a la universidad. Haber cumplido los 18 y estar aún en la preparatoria simplemente porque mi madre me metió tarde a la escuela me hacía sentir algo desencajada entre los demás.

-¿Estás lista? -dijo Valeri terminando de peinarse en un moño.

-Sí, dame un momento. -Dije aplicándome un poco de perfume de vainilla.

Quería salir rápido de esta casa, no quería volver a toparme con el señor Roy y que los nervios me dominaran otra vez, pero, lo admitía, me daban cosquillas en la barriga al pensar en él.

-¿Tienes 2 euros? -pregunté tomando mi bolso de la cama- Dejé la tarjeta de estudiante en casa.

Sin eso no podía pagar el autobús.

-Eso no importa -dijo también acomodandose su bolso en la espalda-, papá nos llevará.

Salió y yo me quedé paralizada por medio segundo al comprender lo que me dijo...

Él nos llevaría a la escuela.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo