Capítulo 3 Capítulo 3: Soy muy mayor para ti
Capítulo 3: Soy muy mayor para ti
Cuando salí de la habitación y bajé las escaleras, lo primero y vi fue los ojos grises oscuros del señor Roy, estaba vestido con jeans y una franela blanca, pero sus músculos resaltaban de una manera bastante llamativa, ese era un hombre que nunca pasaba desapercibido, su intensa fragancia llenó mis sentidos y de repente sentí mi cuerpo entero volverse caliente.
¿Como era posible sentirme tan atraída por alguien a quien apenas conocía? Era una atracción muy intensa, un crush instantáneo.
Cuando cruzamos miradas sentí mi rostro volverse rojo y tuve que apartar la vista entrando en pánico, sintiéndome como anoche cuando me faltaba el aire al recordar las miles de fantasía que me imaginé con él.
—Buenos días —dijo el señor Roy, por su puesto siempre diplomático.
—Buenos —aclaré mi garganta al sentir que de repente se me había ido la voz— días, señor Roy.
Él parecía indiferente buscando sus llaves.
Supongo que yo me había hecho un mundo de atracción que solo estaba en mi cabeza, pero, definitivamente el señor Brandon Roy era una fantasía andante.
Empecé a caminar, pero me acomodé la falda al sentir que me la había abotonado mal alzandome el ruedo por mis muslos, cuando de repente alcé la vista me encontré con la mirada del señor Roy, fue una mirada rápida pero sé que me vio.
¿O fueron ideas mías?
—¿Ya se conocieron? —dijo Valeri tomando la maqueta de edificios en la que habíamos trabajado completamente indiferente a mi caos— Papá ella es...
—Ya la conocí. —la interrumpió el señor Roy mientras ayudaba a Valeria con la maqueta y se dirigía a la puerta, Valeri pareció algo confundida por su respuesta tajante, pero aún así lo siguió y yo fui detrás.
¿Se había sentido incómodo por mirarme? ¿Por que de repente parecía tan extraño?
En el auto del señor Brandon era definitivamente una alucinación, una camioneta brillosa y lujosa que parecia ser su tesoro. Yo me subí a la parte de atrás, con la maqueta en mis piernas, Valeri iba adelante y el señor Roy conduciendo mientras la música de Angels de Robbie Williams sonaba.
—Vamos muy temprano —comentó Valeri mientras usaba su teléfono, yo era de las que usualmente hablaban hasta por los codos, pero, sentía que el señor Roy me intimidaba.
No ayudaba que se viera tan hipnótico manejando su auto, sus manos se movían sin esfuerzo por el volante, sus dedos largos, las venas de sus brazos resaltando.
«Que calor»
—Hay que echar gasolina —comentó el señor Brandon.
«Su voz»
«¡Ya cálmate! »
Cuando llegamos a la estación de gasolina el señor Brandon apagó el auto y se bajó, Valeri también.
—¿Puedo comprar chocolate? —pidió Valeri viendo que ya la tienda de la estación estaba abierta.
—Si claro, compra unas para ti y otras para Alba.
Valeri me miró y luego se inclinó hacia su papá para susurrar:
—Alba es diabética, no come eso.
Creo que Valeri no sabía que aunque el auto tenía los vidrios arriba yo escuchaba todo.
El rostro del señor Roy pareció confundido y luego bastante sorprendido.
—Ah, entonces compra lo que ella quiera.
—No quiero nada. —dije haciéndole una seña con el dedo de que no quería.
—Te compraré una galleta de Soda. —replicó Valeri y seguidamente se dio la vuelta para ir a la tienda. Yo con el proyecto en las piernas no me podía mover, solo ver a través de la ventana el camino por donde se había ido Valeri y luego al señor Roy de reojo cuando veía el que estaba distraído, se había puesto lentes oscuros y tenía un aire a Arnold Schwarzenegger en sus mejores tiempos.
«Ya debes calmarte»
Suspiré y mantuve la vista en la maqueta en mis piernas hasta que el señor Brandon se volvió a montar en su puesto y quedamos en un extraño silencio cuando de repente sentí su mirada clavada en mí, alcé la vista y algo me bajó del estómago cuando me encontré con su mirada a través del retrovisor. Él me ofreció una sonrisa amable, de esas de las que intentan mostrarse simpáticas h distantes.
—No sabía que eras diabética. —comentó rompiendo el silencio.
Suponía que él quería que esto fuera algo menos incómodo.
—Lo soy, desde que tengo 3 años.
No era algo que anduvo era ventilado por ahí.
—¿Comias muchos dulces? —indagó.
—No —hice una leve mueca—, simplemente mi cuerpo ya tenía elevado la glucosa en la sangre.
A veces las cosas no tenían un por qué, simplemente existían y teníamos que vivir con eso.
—¿Y cómo lo llevas? —preguntó.
—Dieta saludable, ejercicio, insulina.
Él pareció de repente más interesado.
—¿Te gusta el Gym? Soy socio de FTC, y tenemos buenas promociones.
—No, no voy al Gym. Soy bailarina.
El señor Brandon pareció más intrigado.
—¿Qué bailas? ¿Ballet?
—Es una de las cosas —afirmé—, es una Academia de baile, pero yo estoy en danza Árabe y gimnasia rítmica.
Alzó ambas cejas, no sé por qué pero me fascinaba que yo le pareciera interesante.
—Un contraste —comentó él—, en la gimnasia haces piruetas, es más esfuerzo físico, en la danza Árabe es... más...
Su voz sé perdió pareciendo buscar él término correcto y yo dije:
—Sensual, debemos mover la cintura y las caderas a un ritmo bastante exigente. ¿Sabe que se originó en Egipto?, se bailaba en los templos, como parte del culto a la fertilidad humana, de la tierra y la adoración a los dioses.
El señor Brandon sé quedó en silencio por un momento y luego comentó:
—Ya veo, es algo... provocativo.
—Solo cuando es un baile privado. —bromee pero él no pareció comprender la broma y dijo más serio:
—¿Haces bailes privados?
Mi mirada contuvo la suya en el retrovisor, parecía curioso por lo que le decía, no parecía ser una simple conversación, sino como algo más... Una charla con ligero coqueteo.
¿O estaba volviéndome loca? Creo que me estaba volviendo loca por el simple hecho de tener una conversación con él.
—¿Por qué? —respondí— ¿Acaso te interesa un baile privado?
Él me mantuvo la mirada a través del espejo retrovisor, una vez más, el ambiente se sintió de repente diferente, más intenso que hace un momento. Miles de pensamientos cruzaban por mi mente, en especial uno donde yo saltaban su asiento y me subía la falda sentada a horcajadas sobre él.
Tenía mucho calor al pensarlo y me mordí él labio inferior. Noté como él desvió la mirada de la mía rápidamente, como si por medio segundo se le hubiera olvidado que yo era la mejor amiga de su hija.
—No —soltó y aclaró su garganta—, no, mucho menos de ti. Tienes la edad de mi hija, y sería incómodo...
Levantó un muro en cuestión de segundos, se sentía como si me hubiera cerrado la puerta en las narices.
—Valeri y yo no tenemos la misma edad. —comenté tras unos segundos de silencio.
Él volvió a mirar a través del espejo retrovisor.
—¿Ah, no? —preguntó.
—No, yo tengo ya 18 —comenté—. Me metieron un año tarde a la escuela, mi madre es un poco inestable.
«Ya soy legal para ti» No sabía si había sonado muy ofrecida, pero la verdad era que yo me le lancé de forma sutil.
Su mirada se profundizó en la mía y yo arriesgome y sin saber por qué hacia esto, mi mano tomó vida propia y empezó a jugar con los botones de mi camisa, sabiendo que él me observaba.
—Entonces eres como mi hija mayor... —susurró, su voz ligeramente ronca, fallando en el intento de marcar la línea entre los dos.
Sus ojos siguieron el movimiento de mis dedos por encima de mi camisa hasta el botón principal.
—No te considero mi padre.. —dije y solté el botón.
