Capítulo 4 El accidente
Capítulo 4: El accidente
Sus ojos grises a través del retrovisor siguieron el camino de mis dedos cuando seguí al siguiente boton, y noté como sus ojos se oscurecieron.
—Creo que no sabes lo que haces —susurró con voz ronca—, ni las consecuencias.
—Sé muy bien lo que hago —respondí con una seguridad escalofriante, sintiendo que jugaba un juego peligroso, como si me metiera en las llamas del fuego y no me importaba quemarme.
De repente la puerta del copiloto se abrió y Valeri entró distraída hablando que no había galletas de soda. El señor Roy aclaró su garganta y aceleró sin decir nada por el resto de la ruta, no volvimos a cruzar miradas a través del retrovisor, mí corazón latía fuerte.
«Dios, de verdad me la estaba dando de puta con el padre de Valeri»
—¿Estás bien? —preguntó Valeri mientras caminabamos por el pasillo de la escuela, yo sentía que tenía la mente en otra galaxia, pero, me desconocía cuando estaba en presencia del señor Brandon Roy.
—Sí ¿por qué? —aclaré mí garganta.
—Adam Samuels te acaba de saludar y tu ni le prestaste atención.
Adam Samuels comparado con el señor Roy parecía un elfo. Era un chico guapo, me había gustado por mucho tiempo pero, era como sí simplemente el amor se hubiera esfumado de un momento a otro. Había caído en el hechizo del señor Brandon Roy y no podía pensar en nadie más.
—Ya no me gusta —me limité a decir.
—¿Qué? —soltó Valeri— ¿cómo que no te gusta si han coqueteado todo el semestre y solo esperabas el baile de graduación para follartelo?
—Shhh... —dije mirando alrededor asegurandome de que nadie nos escuchara—, hablas como si fuera una tigresa urgida porque se la follen.
—¿No era lo que querías? ¿Dejar de ser Virgen?
—Shhh —susurré al sentir que hablaba muy fuerte.
Llegamos a nuestros casilleros a dejar la maqueta y nuestras cosas.
—No te pierdes de mucho —dijo Valeri—, la mayoría de los chicos de nuestra edad se vienen antes de que se puedan quitar el pantalón.
—Hablas como si hubieras estado con todo un pelotón. —me burlé.
Por lo que me había contado Valeri, ella había estado con dos chicos, uno en una fiesta el verano pasado y otro que era su primo en las vacaciones o algo así.
—Bueno te hablo desde la experiencia, Fernando que parecía ser un chico malo apenas me la metió y se vino —dijo hablando del chico de la fiesta—, sin contar que en cuanto tocaron la puerta del baño se le bajó la erección de los nervios y tuvo que tocarse mirándome los pechos, si te soy sincera, ver a un hombre masturbarse no es tan agradable ni excitante como ves en la porno.
Cerré mí casillero, me crucé de brazos y dije:
—Si me sigues hablando así voy a quedarme Virgen hasta el matrimonio.
Nos reímos, tocaron el timbre y entramos a clases.
Al salir de clases fui a casa, me cambié a mi ropa deportiva para ir a mis clases de baile, bajé las escaleras para no toparme a mi insufrible padrastro. Tomé una manzana, cuando iba a la puerta para mi desgracia él estaba en el mueble de la sala vistiendo solo sus pantalones cortos mientras jugaba en su teléfono.
—Buenos días —dijo.
—Buen día, José —dije a secas sin ni siquiera hacer contacto visual, solo quería largarme.
—¿No vas a preparar comida hoy? —dijo como un reclamo.
Lo ignoré, y de un momento a otro saltó de su asiento y me tapó la puerta con su cuerpo. Me detuve y di un paso atrás.
—Tengo que salir —dije.
—Y yo te he preguntado si harás comida.
Como lo odiaba, lo peor era que él olía a cigarro y ese olor me daba náuseas.
—Tienes dos manos —repliqué—, o cómprate una pizza con la tarjeta de mamá que para eso te mantiene.
Él apretó la quijada y se precipitó hacia mi estampándome de la pared, su mano aguantando mi cara, apretando mis mejillas.
—A mi no me hablarás así —susurró a centímetros de mi cara enojado, sus dedos clavandose dolorosamente en la piel de mi mejilla.
Le di una patada en la entrepierna y él jadeó soltandome, aproveché para salir corriendo de la casa.
Como odiaba que viviera con nosotras y aún más que se creyera con el derecho de mandar, como si yo fuera su mujer de servicio, era un vago, mi madre lo mantenía y él solo se la pasaba todo el dia jugando videojuegos.
Nunca supe quien era mi verdadero padre, mi madre tuvo una vida un poco alocada en su juventud y me tuvo a mí, eso ocasionó que sus padres la echaran de la casa, ella tuvo que sobrevivir por sí sola, mientras me dejaba en cuidado de amigas para que me cuidaran. Hasta que ella pudo conseguir un trabajo mejor como secretaria que le dio más estabilidad y luego se hizo socia de una discoteca. Ahí conoció a mí padrastro José que era DJ y mí madre al ser muy celosa de que tuviera muchas chicas alrededor cada noche en la discoteca, prefirió mantenerlo y que él no trabajara más.
No juzgaba a mí madre, nunca me dejó pasar hambre, cubrió mis necesidades, pero ahora que ya yo había cumplido los 18 solo esperaba cumplir la mayoría de edad para irme y dejarla ahora vivir su felicidad...
...Porque extrañamente siempre me sentí como un estorbo en su vida.
Llegué a la academia y aquí sí me sentí como pez en el agua, la música me aliviaba mientras practicabamos la presentación que tendríamos en unas semanas. Nos probamos los vestuarios que teníamos previstos, eran de distintos colores, a mi me tocó el rojo y la verdad era que me gustaba como me quedaba la falda tipo harén con los adornos dorados que colgaba de mis caderas y el top que me cubría bien el pecho.
Al terminar la profesora, nos cambiamos y ya todas se estaban yendo cuando la profesora dijo:
—Alba, acompañame a guardar los vestuarios.
—Sí, claro.
Bajamos a los depósitos donde estaban todos los vestuarios, las presentaciones de la Academia eran muy importantes, cada año venían cazatalentos y mánagers, eran grandes oportunidades para nosotras.
Yo me ocupé de cerrar el clóset cuando la profesora abrió la ventana y encendió un cigarrillo, de repente un ratón se escabulló por su costado y ella gritó soltando el cigarro y el encendedor.
Todo fue en decadencia.
El encendedor explotó contra el suelo, el fuego se extendió por los cables de electricidad empezando a quemar todo a su paso. La alarma sonó como una escena surrealista y yo me quedé más paralizada que una estatua ante el terror.
—¡Mierda! —gritó ella— ¡Ven Alba!, ¡Corre!
Ella salió por la ventana y de la desesperación le dio una patada, esta se cerró en mis narices, la intenté abrir pero se trabó, ella intentado abrirla desde afuera y yo desde adentro, el fuego se cernía sobre mí.
