Capítulo 5 Capítulo 5: Provocaciones incorrectas
Capítulo 5: Provocaciones incorrectas
BRANDON
Era una provocación incorrecta y más incorrecto era aún que se me hubiera apretado la cremallera al pensar en cómo sus dedos delgados y delicados se deslizaban por su camisa y soltó el primer botón dándome un asomo del escote de su cuerpo ya desarrollado y lleno de curvas prohibidas para alguien como ella.
«Valeri y yo no tenemos la misma edad»
Pasé una mano por mi frente sin comprender por qué me había afectado tanto, estaba acostumbrado a la atención de las personas, a que sus miradas fueran lujuria, pero, era muy diferente sentir atracción mutua y además de eso sentir intensa atracción prohibida; algo mucho más extraño para mí, porque nunca podría meterme con una chica como ella.
«Yo no te considero mi padre»
Aunque ella me provocara, simplemente tenía que olvidar este incidente.
«Solo es una chica que quiere vivir la experiencia de un hombre mayor»
Y yo solo necesitaba olvidar sus manos quitándose los botones de su camisa mientras me mostraba su escote, esa mirada sus ojos avellanas oscurecidos como un demonio de la lujuria que me seducía... y el perfume vainilla que desprendía, joder, ese maldito perfume que me hacía querer pasar la lengua por su cuello como si fuera una cremoso helado adictivo, ¿cómo podía saber que el sabor a vainilla era mi favorito?
«Deja de pensar en ella?
Tenía mucho tiempo sin follar, el tiempo de abstinencia ya me empezaba a pasar factura.
Pero esto tenía que olvidarlo. Ella no debería provocarme nada, y no quería pensar en que de verdad alguien como ella me la hubiera puesto dura. Solo era la abstinencia, la falta de sexo durante casi un año, eso era todo.
De repente el teléfono de emergencia reportó un incendio a unas cuadras de aquí en la Academia de danza Ángeles Caídos. Como el jefe de Bomberos yo debía de estar a cargo y ocuparme. Activé la alarma y salí de la oficina colocándome mi uniforme sin saber el rumbo que esta noche tomaría.
ALBA
El humo oscuro empezaba a llenar todo el lugar, le había dado tantos golpes al vidrio que agotó toda mi energía, la puerta al ser vieja se trabó y tampoco abría; estaba encerrada.
Caí al suelo perdiendo lentamente el conocimiento mientras veía a las personas afuera intentado romper el vidrio sin éxito, todo ardía, todo quemaba, el oxígeno se extinguía al igual que mi conciencia, mi muñeca ardía, las llamas quemaban la pulsera de plástico envuelta en mi muñeca y esta quemaba mi piel. Mi cuerpo ardiendo me hizo entender que había llegado mi turno y me hizo cuestionarme muchas cosas, en primera, el hecho de que había desperdiciado mi vida sin hacer nada relevante, siempre quise viajar por el mundo siendo bailarina, cosas que nunca pude ejecutar y en segunda pensaba en el hecho de que moriría virgen.
Este era el final de un desperdicio.
Cerré los ojos soltando un último aliento. Cuando de repente escuché el chillido de miles de trozos de vidrio romperse, no podía abrir los ojos, ni respirar, toda mi boca sabía a humo atosigante cuando unas manos me envolvieron y solo sentí el aire fresco sobre mí. Entreabrí los ojos observando que el hombre se había alzado la mascarilla que llevaba, y la tenue oscuridad lo hacía ver en contraste de sombras como un Ángel caído del cielo.
¿Sería el Ángel de la muerte?
Sus ojos grises bajaron a verme preocupado, mientras gritaba algo a alguien, él estaba corriendo pero yo me sentía como si me balancearan en las nubes del cielo.
Joder, ya estaba alucinando, el Ángel de la muerte era el señor Brandon Roy.
Me colocaron encima de una camilla en un ambulancia, intenté darle las ggracia, pero él me colocó una mascarilla blanca sobre la boca, y me quitó la pulsera de plástico que quemaba mi piel. Las puertas se cerraron y sus ojos grises fueron lo último que vi antes de volver a perder el conocimiento.
Mi respiración estaba pesada. Entreabrí los ojos recordando lo ocurrido, las llamas, el incendio, calor... Ardor...
Pero en este momento nada me dolía.
Vi una sombra a mi lado, la sombra se movía de un lado a otro hasta que logré enfocar la vista en él. Mi Ángel de la muerte, vestía su uniforme de bombero, estaba hablando con alguien por teléfono; era mí teléfono.
—Ella se encuentra estable... —decía el señor Roy— Solo debe calmarse, me quedaré aquí con ella hasta que usted venga.
Colgó y dejó el teléfono en la mesa, y se quedó paralizado cuando notó que yo lo veía, sentía que estaba realmente drogada, todo se sentía hermoso y suave. Sus ojos grises ligeramente intrigados cuando yo comencé a murmurar algo, él se inclinó hacia mí.
—¿Cómo dices? —preguntó.
Quité la mascarilla que tapaba mí boca y empecé a murmurar otra vez, se inclinó, su oreja estaba casi en mí boca y cuando se volteó a verme sin comprender ni un poco los disparates que estaba diciendo, me incliné hacía adelante y pegué mis labios a los suyos.
Fue breve, demasiada acción física de mí parte que me mareó y mientras él se echaba hacía atrás sorprendido, yo volví a perder el conocimiento.
