Capítulo 105 Humo y espejos

Matteo

Para cuando subimos al coche, Rosco se retorcía en el asiento como si le hubieran clavado algo en el trasero.

—Maldita sea —siseó, agarrándose la entrepierna—. ¿Era necesario pegarme tan fuerte en los huevos?

Ni siquiera lo miré.

—Tienes suerte de que eso sea lo único que te llevast...

Inicia sesión y continúa leyendo