Capítulo 5 5

Capítulo 5 La mansión

Lucas bajó el volumen de la música y miró la carretera antes de responder.

—A diez minutos hay una parada. ¿Puedes aguantar?

Helen asintió y cruzó las piernas para que pareciera que tenía más urgencia de la que sentía.

—Sí, eso creo.

Lucas aumentó la velocidad. Los diez minutos se convirtieron en seis y pronto apareció una parada junto a la carretera. Helen comprobó la hora antes de guardar el celular en el bolso.

La necesidad de ir al baño no era tan urgente como había hecho creer. Detenerse formaba parte de la manera en que controlaba el tiempo cuando salía con un cliente. No importaba cuánto hubiera pagado, cuál fuera su aspecto o la posición que ocupara. Siempre buscaba pequeñas formas de consumir las horas contratadas sin que el hombre pudiera acusarla de incumplir con su trabajo.

El trayecto, las comidas, las paradas y el tiempo que tardaba en prepararse también contaban. Era algo que había aprendido muy pronto. Mientras menos horas quedaran al llegar al destino, menos tiempo tendría que pasar a solas con el cliente y más fácil resultaría marcharse cuando el acuerdo terminara.

Ni siquiera el cumpleaños de Lucas era una razón para cambiar aquel método. Él le parecía más educado que otros hombres a los que había acompañado y hasta el momento se había mostrado considerado, pero continuaba siendo un desconocido. Helen no podía olvidar que no sabía adónde la llevaba ni qué esperaba de ella cuando llegaran.

Lucas estacionó cerca de la entrada y bajó de inmediato para abrirle la puerta. Preguntaron dónde estaban los baños y él la acompañó hasta el pasillo que conducía a ellos. Después se quedó fuera, esperando.

Helen entró al baño y sacó el celular. Llamó a Kate y mantuvo con ella una corta conversación para confirmarle que se encontraba bien. No quería tardar demasiado hablando con Lucas esperando al otro lado de la puerta.

Antes de guardar el teléfono, le envió a Kate su ubicación. Aquello era parte de las normas que ambas seguían con cada cliente. Una siempre debía saber dónde se encontraba la otra, especialmente cuando el servicio se realizaba fuera de la ciudad o en un lugar que no conocían.

Helen comprobó que el mensaje se había enviado y permaneció algunos minutos más dentro del baño. Se arregló el cabello frente al espejo, retocó el maquillaje y observó su rostro intentando descubrir por qué se sentía tan intranquila. Lucas no le había dado motivos para temerle. El problema era todo lo que todavía no entendía sobre él.

Había pagado una cantidad demasiado alta por un solo día, preguntó específicamente por Ashley y decidió pasar su cumpleaños con ella en una casa situada lejos de la ciudad. Cada una de esas cosas podía tener una explicación sencilla, pero juntas conseguían que el trabajo pareciera diferente a los demás.

Cuando habían transcurrido casi diez minutos, salió. Lucas continuaba en el mismo lugar. No se quejó por la espera ni le preguntó por qué había tardado tanto.

—Lista —dijo Helen.

Regresaron al automóvil y retomaron la carretera. Durante el resto del trayecto apenas hablaron. Lucas volvió a poner música y Helen observó cómo el paisaje cambiaba a medida que avanzaban. Había menos viviendas y los terrenos eran cada vez más amplios. La ciudad ya había quedado demasiado lejos para regresar por su cuenta con facilidad.

De vez en cuando revisaba el celular para asegurarse de que todavía tenía señal. También miraba la hora, contando cuánto faltaba para que terminara el día acordado. La detención y el tramo restante terminaron acercando el viaje a las cuatro horas que Lucas había calculado.

Finalmente abandonaron la carretera principal. Lucas condujo por un camino más tranquilo, rodeado de árboles y propiedades separadas por grandes extensiones de terreno. Helen se enderezó en el asiento. Después de tantas horas, estaba a punto de descubrir por qué habían viajado hasta allí.

El automóvil entró en una propiedad privada y continuó avanzando hasta que la casa apareció frente a ellos. Helen tardó unos segundos en comprender que habían llegado. Aquello no era una casa de campo sencilla ni un lugar preparado únicamente para pasar el día. Era una mansión enorme.

Lucas estacionó frente a la entrada y bajó para abrirle la puerta. Helen salió con el bolso en una mano mientras observaba la propiedad. Desde el exterior ya podía imaginar que una sola de sus habitaciones sería más grande que el apartamento donde vivía.

—Aquí es —anunció Lucas.

Tomó la bolsa del traje de baño y la condujo hacia la entrada. Helen lo siguió, todavía sorprendida por el tamaño del lugar. Al cruzar la puerta encontró un salón tan amplio que su vivienda completa habría cabido dentro. Los muebles, las ventanas y cada detalle confirmaban que la familia Matthew poseía mucho más dinero del que ella había imaginado.

Lucas le mostró las áreas principales de la casa. Parecía conocerla bien, aunque no daba la impresión de vivir allí. Todo estaba limpio y ordenado, preparado para recibirlos, pero el lugar se sentía poco utilizado.

—Mi padre me la regaló en mi cumpleaños pasado. No suelo venir mucho aquí.

Helen volvió a recorrer el salón con la mirada. Un regalo de cumpleaños de aquella familia era una propiedad que cualquier otra persona necesitaría toda una vida para pagar.

—Es... enorme. Wao.

Habían pasado casi todo el día en la carretera. Afuera comenzaba a caer la tarde y solo les quedaba la noche.

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