Capítulo 6 6

Capítulo 6 Feliz cumpleaños

Lucas le indicó la habitación donde podía prepararse y dejó sobre una silla la bolsa con el traje de baño. Helen entró con su bolso y cerró la puerta. El dormitorio era más grande que el suyo y tenía un baño privado. Todo estaba perfectamente colocado, aunque faltaban los objetos personales que solían darle vida a una casa. Lucas había dicho que casi nunca iba allí y resultaba fácil creerlo.

Helen dejó el bolso cerca del lavamanos y abrió la ducha. Después de tantas horas en el automóvil necesitaba bañarse y ordenar sus pensamientos antes de continuar. Había conseguido gastar casi todo el día entre el desayuno, la compra y el viaje, pero la parte por la que Lucas había pagado todavía no comenzaba.

Se desvistió y entró bajo el agua. Durante el camino había intentado imaginar qué ocurriría cuando llegaran. Esperaba que Lucas se acercara a ella en cuanto estuvieran solos o que dejara claro lo que quería. En lugar de hacerlo, le había mostrado la casa y le permitió ir a prepararse sin siquiera mencionar el traje de baño que compró.

Aquella tranquilidad comenzaba a confundirla. Los clientes solían facilitarle el trabajo al expresar lo que esperaban desde el principio. Algunos tenían peticiones particulares y otros solo querían aprovechar cada minuto por el que habían pagado. Lucas parecía tener prisa por llegar, pero una vez en la mansión no mostró ninguna intención de tocarla.

Helen terminó de bañarse, se secó y volvió a ponerse el vestido. No llevaba equipaje para pasar la noche. Se arregló el cabello, retocó su maquillaje y permaneció unos minutos frente al espejo. Debía dejar de pensar tanto. Aquello era un servicio más y sabía perfectamente cómo comportarse.

El traje de baño azul continuaba aún dentro de la bolsa, sin estrenar. Ya era demasiado tarde para utilizarlo y Helen comprendió que aquella compra solo tenía sentido dentro de los planes que Lucas había hecho para llegar en helicóptero. Ahora debía enfrentarse únicamente a la cena y a lo que él esperara durante la noche.

Cuando salió de la habitación, un olor agradable llegaba desde la cocina. Bajó las escaleras siguiendo el aroma y encontró a Lucas terminando de preparar la cena. Él se había quitado la chaqueta ligera que había llevado durante el trayecto y tenía las mangas dobladas. Parecía desenvolverse bien sin ayuda, algo que Helen no esperaba de un hombre que recibía mansiones como regalo de cumpleaños.

El cambio de transporte había arruinado gran parte de lo que Lucas había planeado. El helicóptero les habría permitido llegar temprano, disfrutar del lugar y aprovechar el traje de baño. Después de cuatro horas en la carretera, el sol ya había caído y apenas les quedaba la noche. Por eso preparó algo sencillo y colocó la cena sobre la mesa sin perder más tiempo.

Helen se acercó mientras él se servía una copa de vino.

—Perdona la tardanza —se disculpó—. Mmm, huele muy rico.

Tomó asiento y observó la mesa. No había velas, pastel ni ninguna señal de que estuvieran celebrando un cumpleaños. La cena era para dos y Lucas no parecía esperar la llegada de nadie más.

—Gracias. ¿Una copa de vino?

—Sí, por favor.

Lucas llenó otra copa y se la entregó antes de sentarse frente a ella. Helen probó la comida y comprobó que, además de oler bien, estaba deliciosa. Durante unos minutos se concentró en comer. Había desayunado muy poco y no tomó nada durante el viaje.

La cena fue tranquila. La trataba con educación, pero conservaba una distancia que no coincidía con el motivo por el que la había contratado.

Helen había cenado con otros clientes. Algunos utilizaban esos momentos para hablar sin detenerse y otros la miraban durante toda la comida, impacientes por llevarla a una habitación. Lucas no hizo ninguna de las dos cosas. Comía despacio y bebía poco, sin apartarse de la normalidad de una cena entre dos personas que apenas se conocían.

Esa normalidad era lo que más la inquietaba.

Al terminar llevaron las copas a la terraza. La noche había refrescado y el silencio que rodeaba la propiedad era muy distinto al ruido de la ciudad. Desde allí se apreciaba parte del terreno, aunque la oscuridad impedía ver hasta dónde llegaba. Helen tomó un poco de vino y se acomodó en uno de los asientos.

Lucas permaneció con ella unos minutos. Después dejó su copa y se puso de pie.

—Voy a bañarme. Estás en tu casa.

Subió las escaleras y Helen se quedó sola en la terraza. Escuchó sus pasos hasta que desaparecieron en la planta superior. Entonces miró a su alrededor, todavía con la copa entre los dedos.

Todo aquello era muy raro. Lucas había pagado por un día completo, viajó durante horas para llevarla a una mansión y, cuando por fin podían estar solos, decidió dejarla allí para ir a bañarse. No le pidió que lo acompañara, no intentó besarla y tampoco le indicó dónde dormiría.

Estaba acostumbrada a que los hombres con dinero la trataran como algo que podían utilizar porque habían pagado. Lucas no se había comportado así. Su delicadeza debía hacerla sentir tranquila, pero conseguía lo contrario porque la obligaba a preguntarse qué deseaba realmente de ella. Era la primera vez que llegaba la noche con un cliente y todavía no podía anticipar cuál sería su siguiente movimiento.

La situación comenzaba a resultarle incómoda porque no sabía qué hacer. Había trabajado con hombres difíciles, con clientes exigentes y con otros que necesitaban que ella tomara la iniciativa. Ninguno se había comportado de aquella manera. Lucas parecía interesado y distante al mismo tiempo.

Helen terminó el vino y regresó al salón. Caminó despacio, observando nuevamente los muebles y el tamaño de la casa. Después dio otra vuelta sin encontrar nada con lo que entretenerse. Los minutos continuaban pasando y Lucas no regresaba.

Podía esperar a que bajara, pero no sabía cuánto tardaría ni qué ocurriría después. También podía subir y cumplir con la parte del trabajo que ambos parecían estar evitando. Para eso estaba allí. El dinero no se debía al desayuno, al traje de baño ni a las horas de conversación en el automóvil.

Tenía que hacer su trabajo.

Helen dejó la copa y subió las escaleras. No necesitó buscar demasiado para encontrar la habitación de Lucas. La puerta estaba entreabierta y desde el pasillo podía escuchar el agua de la ducha. Entró despacio, aunque el ruido habría impedido que él la oyera.

El dormitorio era elegante y estaba iluminado por las lámparas colocadas a ambos lados de la cama. Helen cerró la puerta sin hacer ruido. Por un momento permaneció quieta, mirando hacia el baño, mientras reunía la seguridad con la que Ashley debía enfrentarse a cualquier cliente.

Luego se quitó el vestido, dejó la ropa a un lado y se tendió sobre la cama. Acomodó el cabello, estiró las piernas y buscó una posición que mostrara su cuerpo de la mejor manera. La espera hizo que aumentaran sus nervios, aunque conocía muy bien el efecto que causaría cuando Lucas saliera.

El agua dejó de correr. Helen escuchó movimiento detrás de la puerta del baño y respiró despacio. Ya no podía retroceder sin convertir la escena en algo todavía más incómodo.

La puerta se abrió.

Lucas salió y se detuvo al verla desnuda sobre su cama. Por primera vez desde que se encontraron, toda su tranquilidad desapareció. Su mirada recorrió el cuerpo de Helen y permaneció en ella mientras el silencio llenaba la habitación.

Helen sostuvo su mirada y sonrió.

—Feliz cumpleaños, Lucas.

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