¿Qué puedo hacer por ti?

—MALDICIÓN—murmuré mientras miraba mi libreta de ahorros sobre la mesa del centro. En una semana, solo había podido reunir quinientos mil dólares del préstamo que tomé del banco.

Papá salió de la cocina con una taza de café. La colocó frente a mí.

—Todavía no has almorzado.

Llevo una semana quedá...

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