Para bien o para mal

—BIANCA, lamento molestarte...

Cerré mi cuaderno de bocetos y me giré hacia Hanna, quien no me había dado cuenta que ya estaba frente a mí.

Le sonreí. —¿Qué pasa, Hanna?

La mujer estaba en sus últimos treinta, con piel pecosa y cabello rojizo. Su uniforme verde claro hacía juego con sus ojos verd...

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