No te dejaré otra vez

—CÁLMATE, Bianca…— me susurré a mí misma mientras otro sonido atronador llegaba a mis oídos.

Ya era medianoche. Estaba acurrucada en el rincón del suelo de baldosas de la cocina. Mi cabeza estaba enterrada en el hueco entre mis rodillas, mis manos cubriendo ambos oídos.

Me desperté en medio de la ...

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