85. Santo y profano

Emara Stone

—Eres dulce —susurra Dakota, apartándome con suavidad un mechón de cabello detrás de la oreja.

El calor me golpea la cara al oírlo, y siento que las mejillas me arden de vergüenza.

No puedo creer que haya dejado que me besara, que me usara. La forma en que su lengua me lamió, co...

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