Capítulo 36 36

—No estoy borracho.

—Muy bien, entonces…

La atmósfera entre ellos cayó en un silencio extraño. Justo cuando Valeria pensaba en intentar dormir de nuevo, escuchó esa voz perezosa y profunda junto a su oído:

—Ayúdame a quitarme la camisa. Tengo calor.

Valeria quedó sin palabras.

—¿No puedes quitártela...

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