Capítulo 567 567

La habitación olía a humedad y tabaco rancio.

No era un lugar digno del hombre que alguna vez creyó controlar destinos. El techo tenía una grieta que recorría la pintura amarillenta como una cicatriz mal cerrada. La luz parpadeaba con una intermitencia irritante, y el ventilador giraba con un quejid...

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