Los herederos reales #37: Emma

Corrí hasta que mis pulmones ardieron y mis patas dolieron, la alegría de Artemisa pulsando en cada fibra de mi ser. El bosque nos dio la bienvenida como a viejos amigos—cada aroma, cada sonido, un recordatorio de la libertad que me había sido negada durante ocho interminables días. Mi cuerpo de lob...

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