Capítulo 1 COMO OVEJA AL MATADERO

Elara Blackwood sostenía una pequeña caja en sus manos. Se quedó mirándola durante varios segundos

No, no no...No podía estar vacía. Metió la mano dentro, como si al tocar el fondo pudiera hacer aparecer los billetes que había guardado allí durante meses.

Su respiración se volvió más rápida.

Ese dinero era para Noah. Había trabajado doce horas seguidas aquel día y aceptado todos los turnos extra que pudo conseguir. Le dolían las piernas, tenía sueño y apenas podía mantener los ojos abiertos, pero nada de eso importaba. Las terapias de Noah eran demasiado caras. A veces parecían completamente inútiles porque no había ningún progreso, pero Elara estaba dispuesta a seguir intentándolo.

Había contado ese dinero una y otra vez, cada billete, cada moneda, todo lo que había podido ahorrar, estaba cerca, muy cerca de completar el pago del mes y ahora no había nada.

Salió de su habitación casi corriendo.

La televisión estaba encendida en la sala, Jhonny estaba tirado en el sofá, como siempre. Tenía la barba crecida y desigual, manchas de comida en la camiseta y el cabello grasoso pegado a la frente. Una botella vacía descansaba sobre su pecho y otras rodaban por el suelo.

—¿Dónde está? —preguntó con la voz más fuerte de lo que esperaba

Jhonny abrió un ojo.

—¿Dónde está qué?

—Mi dinero.

—No sé de qué hablas.

—No me mientas.

La expresión somnolienta desapareció de su rostro.

—Lo necesitaba —dijo sin mirarla, como si aquello no tuviera la mínima importancia.

Eso la indignó aún más.

—¿Para qué necesitabas dinero, Jhonny? Tienes todo aquí. Comida, cerveza, un techo y televisión. ¿Qué más podría necesitar un maldito ebrio como tú?

—Tenía un problema que resolver, mocosa. —se incorporó lentamente.

—¿Otro problema de apuestas?

El silencio fue suficiente respuesta. Elara sintió que la sangre le hervía.

—Te llevaste los ahorros de tu propio hijo.

—Los tomé prestados. Los devolveré.

—Los robaste.

Jhonny levantó la mirada.

—Voy a llamar a la policía —amenazó mientras buscaba el teléfono en su bolsillo

—Hazlo —respondió encogiéndose de hombros — después explícales por qué una mocosa vive sola con un menor que necesita cuidados las veinticuatro horas del día.

Elara se quedó inmóvil.

—Cumplí dieciocho el año pasado. Servicios sociales ya no me asusta.

Jhonny soltó una carcajada.

—¿Ya no te asusta?

Se acercó a ella con pasos torpes

—Bien. No debe asustarte. Ya tienes dieciocho años. Toda una adulta. Soltó una carcajada

Elara apretó los dientes.

—Un padrastro ebrio, una hermana que no tiene donde caerse muerta...—¿Qué?

—¿Crees que a la policía le va a importar que seas su hermana? ¿Crees que servicios sociales va a dejar a Noah contigo porque eres su hermana mayor? ¿Ya pensaste en lo que harán con él mientras tú luchas por su custodia y demuestras que puedes darle lo que necesita?

Elara tragó saliva como si tragara clavos, bajó lentamente el teléfono. El muy maldito sabía exactamente dónde golpear: Noah.

Siempre Noah, su hermano menor había sobrevivido al accidente, pero la contusión lo había dejado en un estado de inconsciencia casi total. Su madre había muerto aquella noche y Jhonny, su padrastro, que conducía ebrio cuando el automóvil se salió de la carretera, había salido ileso. Ni un rasguño y lo peor era que seguía viviendo con ellos. Elara había intentado mantener a Noah en el hospital, pero era demasiado caro. Por eso había alquilado las máquinas necesarias para mantenerlo en casa. También eran caras, todo era caro y ella apenas tenía dieciocho años. Antes del accidente, sus mayores preocupaciones eran aprobar los exámenes finales y conseguir una beca para la universidad. Soñaba con estudiar medicina veterinaria, mudarse algún día a su propio apartamento y convencer a su madre de que dejara de trabajar tanto.

Después del accidente, aquellos sueños ya no parecían suyos, ahora solo tenía una preocupación. Salvar a Noah.

Jhonny metió la mano en el bolsillo y lanzó una tarjeta sobre la mesa.

Elara la miró unos segundos antes de tomarla.

“Hotel Casino Bratva Palace”.

Las letras doradas parecían demasiado elegantes para estar en aquel apartamento sucio impregnado de olor a cigarro y cerveza. 

—¿Qué es esto?

—Si quieres el dinero solo tienes que ir.

—¿Adónde?

—Al Bratva Palace.

—¿Para qué?

—Preguntas por Yuri, dices que te mandó Jhonny y listo.

Elara lo observó con desconfianza.

—¿Y él me dará dinero así, porque sí?

—Sí. Me debe un favor.

Elara apretó la tarjeta entre los dedos

No le creía a Jhonny, para nada. Algo dentro de ella gritaba que no fuera, pero entonces recordó a Noah.

Recordó las máquinas conectadas a su cuerpo. Recordó el mensaje del hospital que había recibido esa misma tarde. El pago de la próxima sesión de rehabilitación vencía en cuarenta y ocho horas y ella ya no tenía el dinero.

—Pero no vayas así —añadió Jhonny—. Ponte algo bonito. No me avergüences.

Una hora después, Elara estaba frente al espejo. Se había puesto el único vestido que tenía, uno verde esmeralda que hacía juego con sus ojos. La tela estampada a flores dejaba sus hombros salpicados de pecas al descubierto y la falda llegaba a la mitad de sus muslos. Se acomodó los mechones castaños, casi rubios.

No estaba acostumbrada a vestirse así.

El Bratva Palace era incluso más lujoso de lo que imaginaba: Mármol negro, lámparas de cristal, hombres vestidos con trajes que probablemente costaban más que todo lo que ella ganaba en un año.

Se sentía fuera de lugar, ridículamente fuera de lugar. Pero cada vez que pensaba en marcharse recordaba a Noah.

Caminó hacia el mostrador intentando ignorar la sensación de que todos podían darse cuenta de que no pertenecía allí.

—Busco a Yuri dijo casi en un susurro

La recepcionista levantó la mirada.

—¿Nombre?

—Elara Blackwood.

La mujer tecleó algo.

Después levantó la mirada nuevamente.

—La están esperando.

Elara sintió un escalofrío.

—¿Me están esperando?

La mujer sonrió como si no hubiera dicho nada extraño.

—Suba al último piso. Penthouse.dijo la muje rseãnaklando hacia el ascensor,

Las puertas plateadas se cerraron dejando a Elara con la sensación de que no había vuelta atrás, tenía el corazón atorado en la garganta latiendo tan fuerte como si fuese a explotar.

Cuando las puertas se abrieron, un hombre alto, de cabello oscuro y traje gris, estaba esperándola.

—¿Elara Blackwood?

—Sí.

—Yuri la espera.

El hombre comenzó a caminar y ella lo siguió. El pasillo era tan silencioso que podía escuchar su propia respiración agitada

Cuando las puertas se abrieron, el sonido de las voces llegó hasta ella mezclado con risas y la música de fondo. Había hombres alrededor de una mesa jugando a las cartas, con mujeres semidesnudas sentadas en sus piernas. La escena pareció congelarse cuando todos voltearon a mirarla, sintió que se le revolvía el estómago.

—Llegaste. Dijo el hombre sentado en medio de la sala mientras se ponía de pie,—Ven, acércate.

Elara no se movió. Algo dentro de ella le gritaba que corriera, pero entonces pensó en Noah y dio un paso hacia él.

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