Capítulo 4 EL PRECIO DE UNA VIDA
Cuando salió del Bratva Palace, Elara no caminó, corrió, corrió tan rápido como pudo y no paró. Corrió hasta que le dolieron los pulmones, cuando ya no pudo seguri, inclinó el torso hacia adelante apoyando las palmas de las manos en las rodillas, cogió una bocanada de aire, pero no se detuvo por mucho tiempo, tenía la sensación de que la seguían.
"Un presentimiento es tu "yo" del futuro tratando de evitar que hagas algo estupido. Siempre hazle caso a tu yo del futuro". Recordaba esas palabras de su madre, no sabía cuándo ni en qué contexto se las había dicho, pero Elara las recordaba, debió hacerle caso, ya había hecho algo estupido, había ido a ese lugar poniéndo todas sus esperanzas en Jhonny.
Cuando faltaban un par de cuadras para llegar a casa, tuvo la sensación de que ya estaba a salvo, de que todo estaría bien, su corazón se había calmado, igual que su respiración, pero entonces escuchó las sirenas, las luces pasaron a su lado veloces, la ambulancia se detuvo justo en frente del edifico destartalado donde vivía
—¡Noah!
Estaba segura de que algo le había pasado. Intentó correr pero la spiernas no respondían, para cuando llegó, dos paramédicos salían del departamento con una camilla. Sobre ella, su hermano permanecía inmóvil, con una mascarilla de oxígeno cubriéndole el rostro. Los cables conectados a su pecho emitían pitidos constantes, cada uno como un golpe directo al corazón de Elara.
—¿Qué pasó? —gritó, con la voz quebrada por el terror. —Soy su hermana.
—El paciente sufrió una convulsión severa.
Elara sintió cómo las piernas le fallaban, como si el suelo se hubiera convertido en agua bajo sus pies. —¿Una convulsión? ¿Dónde está Jhonny?
Nadie respondió. No supo en qué momento subió a la ambulancia y llegó al hospital. Solo recordaba haber sostenido la mano de Noah durante todo el camino.
Las luces fluorescentes del hospital eran cegadoras. Las explicaciones de los médicos llegaron más rápido de los que habría esperado, con todo aquel lenguaje técnico tan difícil de entender, pero algo era claro, necesitaba dinero.
—Si no es transferido ahora para un hospital especializado no sobrevivirá —fue lo último que escuchó.
En la recepción le entregaron una carpeta
—Todo está listo para el traslado —anunció la mujer — forma de pago? —preguntó
Guardo silencio unos segundos como si de alguna forma pudiera evitar la verdad que debía decir
—No puedo pagar ahora —admitió con voz ronca
La mujer guardó la carpeta y la miró con una mezcla de compasión y fastidio, sus ojos detrás de los anteojos se dirigieron hacia la fila que empezaba a formarse detrás de Elara, ella no tuvo otra opción quese apartarse. Volvió a la sala de esperas, se dejó caer en el frío banco, escondiendo el rostro entre las manos.
-señorita Blackwood.
La voz la sacó de sus pensamientos. Alzó la vista y se topó con un hombre de traje impecable de pie junto a su asiento. Aparentaba unos cincuenta y tantos años, llevaba el cabello canoso peinado con precisión y sus ojos parecían estar analizando todo con precisión quirurjica.
—¿Nos conocemos? —consiguió formular ella, con la garganta seca.
El hombre abrió una carpeta de cuero sin prisa.
—Noah Blackwood —hizo una pausa minúscula—. Hidrocefalia postraumática, hipertensión intracraneal, epilepsia— leyó, como quien repasa una lista de compras—Si no se le realiza una derivación ventriculoperitoneal en las próximas cuarenta y ocho horas, morirá por herniación cerebral.
Elara se quedó helada. ¿Quién era ese sujeto? ¿Un administrativo del hospital?
—Yo puedo pagar la cirugía, la rehabilitación, los mejores especialistas y la atención médica postoperatoria —continuó él. Cerró la carpeta y descansó las manos sobre ella—. Absolutamente todo.
A Elara se le aceleró el corazón. Eran exactamente las palabras que estaba suplicando escuchar, pero el tono del hombre le erizó los vellos de la nuca.
—¿Qué quiere a cambio?
Los labios del hombre se curvaron en una sonrisa tan pulcra como fría.
—A usted.
Después de unos segundos de silencio, prosiguió en el mismo tono metódico, como si estuviera presentando un plan de inversión:
—Sus deudas, su tiempo, su libertad y sus atributos sociales como persona. En cuanto firme, su hermano será trasladado a la mejor clínica de la ciudad y el nombre de Elara Blackwood será borrado del registro público. Pasará a ser propiedad de la Asociación.
—¿La Asociación…? —murmuró, sintiendo un nudo amargo en el estómago.
—Sí, La asociación. Al firmar aceptará que la asociación haga con usted lo que desee. Pasará a ser uno de sus activos y da consentimiento para absolutamente todo—dijo él mientras sacaba una carpeta del maletín, la colocó sobre las piernas de Elara y le dio un bolígrado dorado. —Este es el contrato encontrará todos los detalles ahí.
Se quedó mirando la carpeta confundida, tratando de procesar lo que acababa de escuchar, incapaz de moverse.
-Le consejo que se apresure señorita Blackwood. No sabemos cuánto pueda aguantar Noha.
Cuando volvió a alzar la vista para hacer una pregunta, el hombre ya se había apartado unos pasos y caminaba hacia el fondo del pasillo. Era una locura, una completa locura, pero si ese desconocido iba a salvar a Noah, no le importaba firmar cualquier cosa estaba dispuesta a dar su vida, su alma, lo que fuese necesario para rescatar a su hermano.
Sin dudarlo un segundo más, presionó el metal dorado contra el papel y comenzó a firmar. Firmó trazo a trazo, hoja tras hoja. Con cada firma, sentía la punzada exacta de estar entregando su existencia a cambio de la de Noah.
A unos metros, apoyado contra la pared del pasillo y observando la escena desde la sombra, el hombre se llevó un teléfono a la oreja.
—Señor Moriarty, el documento número 35 está firmado, lo supervisé yo mismo tal como lo pidió —dijo en voz baja—. La mercancía será ingresada y preparada para la subasta a la brevedad posible
