Capítulo 62

Las horas en la sala de espera se sentían como un mundo suspendido: ni de día ni de noche, solo el zumbido de las máquinas, el suave ir y venir de las enfermeras y el dolor de una espera que se negaba a terminar. Desde que el cirujano se fue, Myla permanecía inmóvil, con los dedos aferrados al vaso ...

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