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Me senté encorvada al borde de mi cama de hospital, mirando mis manos—manos que temblaban a pesar de mis mejores esfuerzos por calmarlas. El olor a antiséptico de la sala médica no podía enmascarar el abrumador aroma de dolor que parecía permear cada rincón del territorio de la Manada del Norte. A ...

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