Capítulo 117

La niebla se aferraba a las paredes del baño, empañando el espejo y difuminando todo en mi vista excepto a él. Sus manos se demoraban en mí mucho más de lo necesario. Sus dedos deslizaban espuma sobre mi hombro, mis pechos y bajaban hasta mis caderas, mientras su otra mano jugaba con mi clítoris.

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