Capítulo ciento sesenta y siete

RAINIER

—¿Vine? ¿Qué?

Estoy congelado, sin estar seguro de lo que quiere decir cuando dice que vine.

—¿Qué estás diciendo? —pregunto, extendiendo la mano para levantar su barbilla y moviéndome para pararme entre sus rodillas.

Ella sonríe y mi pecho se agita. —Mi guardián —susurra, sus ojos baja...

Inicia sesión y continúa leyendo