Capítulo trescientos veinticinco

ANASTACIA

Una vez en el asiento del pasajero del convertible de Breesi, me permito observarla. Esta hija de la infame Marie Monet no es ni de cerca tan hermosa como había imaginado que sería. Había visto fotos de su madre en viejos recortes de periódicos cuando era joven, y no creo que sea mez...

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