Capítulo trescientos treinta y ocho

TIMMONS

Oh, Dios mío. ¡Oh, Dios mío!

¡Sí dormí con esta perra! ¡Fue cierto!

—Joder— gimo, tratando de ignorar las risas de mis hermanos mientras escuchan esta conversación. Con un giro de ojos, me inclino y levanto a Charlotte del suelo. —Es hora de irte, Shannon, vamos.

—¡Espera un minu...

Inicia sesión y continúa leyendo