Capítulo cuatrocientos sesenta y cinco

POLLY

Maldita sea. Debería haber sabido mejor que no podía jugar así. Nunca debí haberlo consentido en primer lugar.

—Polly…— Lief insiste, y siento que retrocede como si quisiera observar mejor el estado atroz de mis muslos. —¿Qué le pasó a tus piernas?

Maldita sea.

Mis ojos se cierra...

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