Capítulo quinientos veinticinco

KODA

Ella no espera mi respuesta, empuja la cabeza de mi pene entre sus pliegues al final de un gemido torturado y toma la decisión fuera por completo de mis manos.

—¡Oh Dios! —exhala y sus músculos hinchados se contraen alrededor de mi grosor con la fuerza de una trampa de acero.

—¿Emily? —gruñ...

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