Capítulo quinientos cincuenta y ocho

¿Virgen? ¡No puede ser!

Mis ojos recorren su anatomía de pies a cabeza. Me sacudo ante lo absurdo de semejante tontería.

—De ninguna manera —susurro, más para mis adentros que para él.

Sin embargo, me escucha. Se tensa un segundo y traga saliva con fuerza. Noto el movimiento marcado de su nuez ...

Inicia sesión y continúa leyendo