Capítulo 20 20

Alexander se apoyó contra el auto, el portazo resonando en la tranquila noche. Sus ojos ardían en la dirección por donde la moto había desaparecido.

—¡Maldita sea!— rugió, golpeando el techo del vehículo con la palma de su mano.

Leonardo suspiró, sacudiendo la cabeza.

—Relájate, Alex. No es momen...

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