Capítulo 32

Elara

Estábamos de pie en el pasillo, frente a la habitación de Victoria, con su mano todavía aferrada a mi muñeca como un grillete, y el silencio se estiraba entre los dos, espeso de cosas no dichas, de acusaciones que nadie pronunciaba, un abismo que siempre había estado ahí pero que yo había sid...

Inicia sesión y continúa leyendo