Capítulo 49

Elara

—Oh, Dios mío—

—¿Está...?

—Mierda, alguien grabó eso—

Los teléfonos se alzaron como una ola. Los flashes de las cámaras explotaron. El teléfono de Madison no dejó de grabar nunca, el punto rojo brillando fijo en la esquina.

La mano de Julian seguía en mi hombro. Sentía la tensión en sus d...

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