Capítulo 2 Primer día, primer desastre

Otro chico esta vez rubio con una sonrisa divertida quien permanecía mirándome como si acabara de presenciar un accidente de tránsito, espectacular “más público”

¿Vega? Entonces ese era su apellido.

El chico no apartó la mirada de mí.

— Ya voy.

El rubio siguió observándonos — escuche bien ¿Ella acaba de llamarte idiota, Adrían?

— Cállate, Noah.

Noah soltó una carcajada ahí fue cuando entendí, Adrián Vega, porque claro.

Claro que tenía cara de llamarse Adrián, claro que tenía que ser algo arrogante, algo peligrosamente atractivo y algo que definitivamente representaba problemas.

Él volvió a mirarme una última vez.

— Te va a ir excelente aquí, Torres.

Fruncí el ceño.

— ¿Cómo sabes mi apellido?

Su mirada bajó hacia la etiqueta de identificación colgando de mi bolso “Mierda”

Adrián sonrió apenas y honestamente eso fue peor que si hubiera seguido serio porque sabía bien que esa no era una sonrisa amable que más bien era una sonrisa de alguien que disfrutaba provocar.

— Nos vemos por ahí, Valeria.

Y después simplemente se fue así como si no acabara de alterarme el sistema nervioso completo en menos de cinco minutos.

Me quedé inmóvil unos segundos mientras lo veía alejarse entre la multitud del campus, Noah seguía riéndose al lado de él y otras personas también murmuraban cosas.

Genial que gran primer día en Novera University y probablemente ya había iniciado una guerra con un psicópata universitario de metro noventa.

Mi teléfono vibró otra vez.

Camila:

¿Sigues viva?

Miré hacia donde Adrián había desaparecido y luego suspiré profundamente.

Yo:

Acabo de conocer al hombre más insoportable de Massachusetts.

La respuesta llegó inmediatamente.

Camila: 

¡Oh no!

¿Qué hiciste?

Exhalé lento como si eso pudiera deshacer lo que ya había pasado.

Yo:

Respirar.

El mensaje se envió y por un momento me quede completamente quieta no por elección sino porque todavía sentía el eco de su voz.

Adrián Vega, había escuchado su nombre directamente y eso confirmaba la teoría de que los hombres sexys tienen nombres inciertos y lo peor no era su nombre, lo peor como había dicho el mío como si ya me conociera, como si yo ya fuera un problema que había clasificado.

El viento volvió a moverse entre los árboles del campus mientras que alrededor todo seguía normal como si literalmente no acabara de pasar nada, como si no hubiera alguien que acababa de mirarme como si fuera entretenimiento.

Tragué saliva y retomé el paso hacia Elaris Hall esta vez más lento pero de un modo aun más consciente y si, evidentemente molesta porque odio admitirlo, pero ese tipo de personas existen y justo son las que no solo te irritan sino que también son las que te dejan pensando más de lo necesario.

El edificio de Elaris Hall apareció frente a mí como una especie de castigo arquitectónico grande, antiguo, imponente y perfecto en más de un sentido.

Así que suspiré otra vez.

— Claro… — murmuré para mí misma — claro que tengo que vivir aquí.

Empujé la puerta, adentro el ambiente cambió al instante, allí había menos aire frío, más ruido y más vida.

Estudiantes entrando y saliendo, maletas golpeando el suelo, risas, gente gritando nombres, llaves, pasos.

Me acerqué al mostrador.

Una chica con tablet me miró sin mucha emoción.

— Nombre.

— Valeria Torres.

— Bien, habitación 17, piso tres.

Asentí así que tomé la llave y entonces lo sentí otra vez con esa sensación incómoda como si alguien te mirara sin esfuerzo así que giré un poco la cabeza.

Nada solo estudiantes pero igual así que subí las escaleras primer piso, segundo más ruido, más puertas, más números y finalmente el tercero y la habitación diecisiete frente a mí.

El pasillo estaba iluminado por luces cálidas y largas ventanas donde se colaba el cielo grisáceo de Massachusetts, busqué el número lentamente hasta encontrarlo justo en medio del edificio del piso tres tal cual.

Respiré hondo.

— Bien… — susurré — sobreviviste al aeropuerto, al vuelo, al choque y a un idiota con complejo de superioridad, esto no puede ponerse peor.

Abrí la puerta y apenas tuve tiempo de reaccionar.

— ¡AL FIN!

Una figura prácticamente se lanzó sobre mí y solté un pequeño grito del susto mientras una chica me abrazaba con suficiente energía para desplazarme medio paso hacia atrás.

— ¡Dios mío, sí eres real! — dijo ella rápidamente.

Parpadeé un par de veces antes de reconocerla justamente era Camila Rivas exactamente igual a las video llamadas solo que mil veces más intensa en persona.

Cabello castaño oscuro cayendo en ondas desordenadas sobre los hombros, ojos miel brillando con emoción y una energía tan absurdamente viva que hacía parecer deprimente al resto del edificio.

— Tú… hablas igual de rápido en la vida real y así la gente se queja de los dominicanos —logré decir.

— Y tú tienes exactamente cara de alguien que acaba de pelearse con otro ser humano.

Me quedé callada dos segundos y Camila abrió los ojos dramáticamente.

— ¡Oh por favor! Más bien dime que sí pasó algo.

Entré finalmente a la habitación mientras ella me quitaba una de las maletas sin preguntarme como si no fuéramos dos extrañas aun.

La habitación era más grande de lo que esperaba, tres camas, tres escritorios, luces cálidas, fotos pegadas en una pared, libros desordenados, tazas de café, mantas, en resumen vida pero entonces noté que no estábamos solas.

Había otra chica junto a la ventana sentada elegantemente sobre una de las camas mientras organizaba algunos planos y carpetas perfectamente alineadas, ella era de cabello negro lacio, piel clara, ojos gris oscuro y ropa completamente negra incluso para desempacar.

Levantó la vista lentamente y había algo tan absurdamente sereno en ella que por un segundo sentí que estaba frente a una estudiante de maestría que pagaba impuestos.

— Tú debes ser Valeria — dijo con tranquilidad.

Incluso su voz sonaba elegante y Camila señaló dramáticamente hacia ella.

— Y esta criatura sofisticada del fondo es Elsa Montenegro nuestra tercera compañera de habitación y probablemente la persona más organizada de todo Novera.

Elsa levantó apenas una ceja.

— Camila no seas exagera.

— No exagero, das miedo académico.

— Eso no es una cualidad real.

— Aquí sí.

No pude evitar reírme y por primera vez desde que había aterrizado en Massachusetts sentí algo parecido a estabilidad.

Camila dejó mi maleta junto a la cama vacía como si aquel lugar fuera mía tanto como de ellas — bueno, oficialmente ya vivimos juntas so significa que ahora eres legalmente responsable de escuchar mis crisis emocionales a las tres de la mañana.

— Eso suena peligrosamente específico.

— Porque ya pasó dos veces.

Elsa suspiró sin levantar la vista de sus carpetas — lleva aquí seis meses y todavía cree que dormir es opcional.

— Dormir está sobrevalorado.

— Tu estabilidad mental también.

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