Capítulo 3 El peso de un nombre
Camila giró hacia mí señalándola — ¿Ves? Parece fría, pero en realidad me ama profundamente.
— Tolerarte no es amor, Camila.
— Eso es exactamente lo que diría alguien enamorada de mi presencia.
Solté una carcajada cansada mientras me dejaba caer sobre la cama, el colchón se sintió como gloria celestial ante el cansancio que incluso parecía hasta absurdo.
Camila se sentó frente a mí cruzando las piernas — Ahora sí ¿Cuéntame qué hiciste?
— ¿Por qué asumes que fui yo?
Ella me miró como si hubiera preguntado algo ofensivamente obvio — porque te conozco desde hace casi siete meses hablando por mensajes y literalmente tienes la energía de ser un “problema académico con ansiedad funcional”.
Abrí la boca y como no pude objetar solo la cerré — porque eres tan específica.
— ¿Ves? Tengo razón.
Elsa levantó apenas la vista otra vez aparentemente interesada — ¿Qué pasó exactamente?
Exhalé antes de hablar sin siquiera saber como si acaso iniciar — choqué con alguien, bien.
Camila sonrió inmediatamente — ajá.
— Y aparentemente insulté a una celebridad universitaria.
Las dos se quedaron calladas y sí, eso era una mala señal así que Camila fue la primera en reaccionar.
— ¿Qué hiciste exactamente?
— Lo llamé idiota.
Elsa dejó lentamente una carpeta sobre la cama — ¿A quién?
Tragué saliva y al ver la seriedad en sus rostros por alguna razón dude en decirlo pero después de unos segundos di la respuesta — Adrián Vega.
El silencio cayó como un balde de agua fría, Camila abrió los ojos tanto que honestamente pensé que iba a dejar de parpadear para siempre.
Elsa directamente soltó un: — ¡Oh!
Y eso me preocupó más.
— ¿Qué significa ese “oh”? — pregunté lentamente.
Camila se dejó caer dramáticamente sobre la cama — significa que acabas de pelearte con el hombre más insufriblemente famoso de Novera en tu primer día.
— ¿Famoso por qué?
— Fútbol, dinero — añadió Elsa — mal carácter, problemas, muchos problemas y porque no, a eso también agrégale que media universidad está obsesionada con él.
Parpadeé — fantástico.
Camila me señaló inmediatamente — no, no entiendes, nadie le habla así, absolutamente nadie lo insulta.
— Bueno, alguien tenía que empezar.
Eso hizo que Elsa soltara una pequeña risa real que más que asustada la hacía ver feliz y Camila me miró fascinada — definitivamente vas a sobrevivir aquí.
Antes de que pudiera responder, mi celular vibró otra vez con mensaje de un número desconocido lo que hizo que frunciera el ceño, lo abrí y me quede helada cuando leí el contenido.
— No corras tanto el primer día Torres.
Si bien no había miedo había lo reconocimiento de inmediato ¿Cómo demonios consiguió mi número tan pronto? Así que intente buscar una respuesta pero no la encontré.
Giré lentamente la pantalla hacia Camila, ella leyó el mensaje y su expresión cambió apenas.
— ¡Oh!…
Solo eso.
— ¿“Oh” qué? — pregunté.
Camila levantó la vista hacia mí — pues bienvenida oficialmente a Novera — y esta vez no sonó como una broma.
Elsa negó apenas con la cabeza mientras volvía a acomodar sus carpetas — intenta no iniciar otra guerra universitaria antes de mañana, Valeria.
— No prometo nada — murmuré.
Camila soltó una risa y por primera vez desde que había aterrizado sentí que podía respirar sin tener el pecho completamente apretado.
Miré alrededor de la habitación otra vez las luces cálidas, el enorme ventanal, las camas, las voces lejanas del pasillo porque todo se sentía extraño pero real.
Hace unos meses Novera University ni siquiera era una posibilidad sería porque aun figuraba como una universidad imposible con demasiado prestigio, demasiado cara y demasiado lejos pero entonces llego la beca, con ella las entrevistas, las pruebas, las madrugadas estudiando hasta quedarme dormida sobre apuntes y mi madre obligándome a comer porque aparentemente el cerebro humano no funciona solo con café y ansiedad.
Recordé exactamente el momento en que recibí el correo de aceptación, a mi madre llorando y mi padrastro abrazándome tan fuerte que casi me rompe una costilla y yo pues, bueno, quedándome inmóvil frente a la pantalla porque una parte de mí no terminaba de creerlo.
Nadie de mi familia había salido del país para estudiar y cuando digo nadie es nadie y ahora yo estaba ahí en Massachusetts en una de las universidades más competitivas del país a miles de kilómetros de Santo Domingo completamente sola, bueno, no completamente.
Miré a Camila riéndose sola por algo en su celular y luego a Elsa organizando absolutamente todo como si el caos físico fuera un crimen y algo dentro de mí se relajó apenas porque tal vez desde que salí del aeropuerto sentí que no estaba entrando a un lugar desconocido y tal vez, porque Elaris Hall ya empezaba a sentirse menos intimidante aunque quizás podría ser que mi cerebro seguía demasiado ocupado pensando en unos ojos marrón oscuro y una sonrisa insoportablemente provocadora.
— Qué fastidio.
Me dejé caer completamente sobre la cama y cubrí mi rostro con una mano — ¿Sabes qué es lo peor? — murmuré.
Camila levantó la vista inmediatamente — ¿Qué?
Suspiré — que probablemente voy a volver a encontrarme con él.
Camila sonrió lentamente — Oh, cariño…
Elsa levantó apenas una ceja desde su escritorio y Camila terminó la frase con una tranquilidad sospechosamente divertida — definitivamente vas a volver a encontrarlo.
