Capítulo 6 Entre miradas y negaciones

No volví a mirar hacia atrás, bueno sí, eso era mentira porque miré exactamente dos veces.

La primera para asegurarme de que Adrián Vega no hubiera decidido seguirme y la segunda porque mi cerebro, claramente traidor, quiso comprobar si seguía ahí y sí allí estaba porque permanecía de pie junto a otro chico mirándome con esa tranquilidad irritante que parecía sacarlo de quicio todo menos a él mismo.

— «No le des importancia.» — intente tranquilizarme a mi misma porque sabía bien que no podía darle el gusto de verme irritada pero lástima que mi curiosidad tuviera exactamente el mismo autocontrol que mi verborrea.

Apreté los libros contra el pecho y aceleré el paso, subí los últimos escalones casi a toda velocidad, empujé la pesada puerta de madera de la biblioteca y entré antes de que pudiera cometer la estupidez de volver a girarme.

El silencio me envolvió inmediatamente y eso era extraño porque fuera el campus parecía un hormiguero pero dentro de la biblioteca Noctis todo era diferente.

Olía a café recién hecho, madera antigua y papel.

Los techos altos, las estanterías interminables y la luz cálida hacían que el lugar pareciera una iglesia construida para personas adictas a los libros y respiré hondo ahora muchísimo mejor.

Los libros nunca me juzgaban, nunca respondían con sonrisas arrogantes, nunca medían casi dos metros y no colmaban mi paciencia.

Sacudí la cabeza porque ¿Por qué seguía pensando en él? Quizás porque era un idiota, tal vez sí, definitivamente debía de ser eso y nada más.

— ¡Val!

Levanté la vista al escuchar mi nombre justo cuando Camila agitaba una mano desde una mesa cercana mientras sostenía un vaso enorme de café, a su lado estaba Elsa con una computadora portátil abierta y tres libros perfectamente alineados frente a ella.

Por supuesto.

Caminé hasta ellas — hola.

Camila me miró de arriba abajo — no.

Fruncí el ceño al instante al escuchar aquello — ¿No qué?

— No me engañas.

— ¿Perdón?

— Esa no es tu cara normal.

Dejé todo lo que llevaba en las manos sobre la mesa — ¿Qué tiene mi cara?

Camila se inclinó hacia adelante — pues tienes cara de que "acabo de volver a encontrarme con alguien que me irrita demasiado".

Elsa levantó la vista de la pantalla — ¿Lo viste otra vez?

Las miré a las dos — ¿Cómo...?

Camila sonrió como si acabara de resolver un crimen — ¡Lo sabía!

— No sabías nada, mentirosa.

— Peor, lo acabas de confirmar.

Suspiré — ya, simplemente coincidimos en el camino.

— Ajá.

— Eso es todo.

— Ajá.

— ¡Camila!

— ¡Valeria!

— Deja de decir "ajá".

— Entonces deja de mentirme.

Me crucé de brazos — no te estoy mintiendo.

Ella apoyó los codos sobre la mesa — ¿Dónde lo viste?

— Justo cuando venía hacía acá.

— ¿Y?

— Nada.

— Valeria...

— ¡Dije que nada!

Elsa observaba la conversación con una calma casi científica — ¿Se hablaron?

— No.

— ¿Se miraron?

Camila abrió los ojos como platos y repitió a aquello al ver mi silencio — ¡SE MIRARON!

Varios estudiantes levantaron la cabeza al escucharla y una de las bibliotecaria le lanzó una mirada asesina y Camila bajó inmediatamente la voz.

— Perdón...

Luego volvió a acercarse — ¿Y cómo fue?

— ¿Cómo fue qué?

— La mirada.

La observé incrédula — ¿Camila al menos escuchas las cosas que preguntas?

— Responde.

Rodé los ojos — fue una simple mirada.

— Eso no existe.

— Claro que existe.

— No. Existen las miradas incómodas, las miradas asesinas, las miradas románticas, las miradas de "quiero demandarte"... pero una mirada sin contexto no existe.

Elsa asintió lentamente — Camila tiene un punto.

— Son unas completas traidoras — suspiré otra vez exasperada — solo nos miramos.

— Ajá.

— Yo lo vi.

— Ajá.

— Y ya.

Camila sonrió lentamente — ¿Él sonrió?

Abrí la boca y volví a cerrarla porque sí, lo había visto sonreír de esa manera que él solo hacía que parecía incluso algo entre arrogancia y provocación como si disfrutara del hecho de desesperarme.

— Sí.

Camila dejó el café sobre la mesa con demasiada emoción — ¡Sabía que estaba interesado!

Solté una carcajada incrédula — ¿Interesado?

—Sí.

— Camila más bien parecía llamarme problemática con esa mirada inquisitiva suya.

— No.

— Sí.

— No.

— ¿Estabas ahí?

— No hace falta.

Me masajeé las sienes — estás delirando.

— Valeria, escúchame. Los hombres como Adrián Vega tienen el ego demasiado grande para perder tiempo mirando dos veces a alguien que les da igual.

— Tal vez solo estaba pensando en cómo vengarse de mí.

— O tal vez estaba pensando en besarte.

Casi me atraganto porque justo en ese instante estaba tomando un sorbo de café e incluso Elsa que estaba bebiendo agua tosió intentando ocultar una risa.

— ¿Puedes dejar de decir barbaridades? —murmuré.

— ¿Barbaridades? Cariño, lo conoces desde hace tres días y ya ocupa espacio en tu cabeza.

— Ocupa espacio porque es insoportable.

— Ajá.

— Y porque me cae mal.

— Ajá.

— Y porque...

Me detuve y sí Camila sonrió de oreja a oreja.

— ¿Ves?

La señalé con un dedo — no hagas esa sonrisa.

— ¿Cuál?

— La de "ya entendí algo antes que tú".

— Porque lo hice.

Bufé incrédula — no me gusta.

— Todavía no, pero…

La miré horrorizada — ¡Eh! No, no ¿Qué? Ni siquiera es mi tipo.

Camila ladeó la cabeza — ¿Y cuál es tu tipo?

Abrí la boca pero no salió absolutamente nada y ella dio una palmada sobre la mesa — exacto.

Elsa soltó una risa baja — Vale, creo que Camila disfruta demasiado molestándote.

— Es mi nuevo pasatiempo — respondió orgullosa.

Apoyé la frente sobre los libros y cerré los ojos porque no llevaba ni tres días completos en Novera y ya estaba metida en un lío enorme, ya había discutido con el capitán del equipo de fútbol, mis compañeras de habitación estaban convencidas de que existía una tensión entre nosotros y para empeorar las cosas una parte muy pequeña, absurdamente pequeña de mi por alguna razón seguía recordando aquella molesta sonrisa.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo