Capítulo 7 Más allá de las apariencias
La biblioteca quedó atrás envuelta en el mismo silencio solemne con el que nos había recibido y apenas cruzamos las puertas de madera el murmullo del campus volvió a envolvernos como una ola.
Bicicletas cruzaban las avenidas internas, grupos de estudiantes ocupaban cada rincón del césped y las hojas de los enormes robles se mecían con una brisa que todavía me resultaba demasiado fría para llamarla agradable.
Caminábamos las tres juntas, Camila iba delante moviendo las manos mientras hablaba sin detenerse ni un segundo.
— Les juro que el año pasado una chica llegó tarde a la bienvenida porque se perdió entre los edificios de Ingeniería y terminó entrando por la puerta del escenario en lugar del público.
Sonreí.
— Eso suena exactamente como algo que me pasaría.
— No, porque tú llegarías al escenario, discutirías con alguien y luego descubrirías que era el rector.
— Eso jamás pasaría.
Elsa levantó apenas la vista de la tableta que llevaba entre las manos — estadísticamente, sí podría pasar.
Camila y yo la miramos detenidamente.
— ¿Estadísticamente? — preguntó Camila.
— Conociéndola las probabilidades aumentan considerablemente con cada minuto.
Solté una risa — empiezo a sentir que me están juzgando demasiado rápido.
— No te juzgamos — respondió Camila sonriendo — tan solo estamos haciendo predicciones.
— Peor todavía.
Seguimos caminando por un sendero empedrado que atravesaba el corazón del campus así que a ambos lados habían edificios antiguos de piedra gris mezclados con construcciones modernas completamente acristaladas porque Novera parecía empeñada en recordarle a cualquiera que pasara por allí que llevaba más de cien años formando profesionales y rompiendo estudiantes.
— ¿Qué es exactamente esta bienvenida? — pregunté.
Camila dejó escapar un pequeño suspiro teatral — es el famoso Novera Core Program, al que todos los de primer año tienen que asistir.
— ¿Una charla motivacional?
— Muchísimo más aburrida que eso Vale
Elsa negó suavemente — en realidad, no exactamente.
Esperé a que continuara.
— Es una jornada de integración, allí presentan las facultades, los clubes, los representantes estudiantiles y algunos alumnos destacados de cursos superiores y también explican cómo funciona la universidad y las oportunidades que ofrece.
— En resumen... — intervino Camila — ... nos recuerdan que debemos de ser adultos responsables y que no incendiemos los dormitorios.
— ¿Eso pasó alguna vez?
Las dos guardaron silencio y las miré alternativamente perpleja.
— No, imposible ¿De verdad eso pasó alguna vez?
Camila carraspeó — digamos que el microondas de Elaris Hall tiene una placa conmemorativa por una razón.
No pude evitar reír porque mientras más tiempo pasaba con ellas, más fácil resultaba olvidar el cansancio del viaje y era así al menos hasta que una imagen volvió a colarse en mi cabeza.
Unos ojos marrones y una sonrisa arrogante que le acompañaban lo que me hizo sacudir ligeramente la cabeza.
No.
Me resistí porque no iba a dedicarle más tiempo del necesario a un completo desconocido.
— ¿Otra vez? — preguntó Camila de pronto.
La miré confundida — ¿Otra vez qué?
— Esa cara.
— ¿Qué tiene mi cara?
— Acabas de pensar en Adrián.
— No.
— Sí.
— Que no.
— Sí.
— ¡Camila!
— Vamos Valeria se sincera.
— Llegamos — Elsa intervino antes de que aquello escalara y le agradecí por lo bajo.
Levanté la vista y el edificio del salón de actos era inmenso, las puertas de madera permanecían abiertas y un constante flujo de estudiantes entraba y salía del lugar.
Justo en la entrada colgaba un enorme cartel que dejaba en claro lo complejo que era aquello.
BIENVENIDOS A NOVERA UNIVERSITY
NOVERA CORE PROGRAM – JORNADA DE INTEGRACIÓN
Respiré hondo cuando me di cuenta porque había tanta gente que por un momento volví a sentirme diminuta.
— Vamos — dijo Camila sujetándome del brazo — si conseguimos buenos asientos podrás verlo todo.
— ¿Ver qué exactamente?
Ella sonrió con ese brillo travieso que empezaba a reconocer demasiado bien.
— A las futuras leyendas del campus.
Entramos y por dentro aquel lugar era otra historia había lo que parecían filas interminables de butacas que ascendían en semicírculo alrededor de un escenario iluminado por enormes pantallas LED donde el escudo de Novera brillaba en azul y dorado.
Profesores conversaban entre ellos, decanos saludaban a estudiantes, representantes de distintas asociaciones ocupaban los primeros asientos así que la energía era completamente distinta a la de la biblioteca porque aquí era más solemne, más importante, más intimidante.
Tomamos asiento aproximadamente a la mitad del auditorio y desde allí podía verlo prácticamente todo.
El escenario, la mesa principal, el enorme atril de madera con el emblema de la universidad y la fila reservada para los estudiantes del grupo de representantes que todavía estaba vacía.
Camila dejó escapar un pequeño suspiro emocionado — ahora empieza lo bueno.
— ¿Siempre te emocionas tanto por una bienvenida?
— No.
— Entonces...
Ella sonrió sin apartar la vista del escenario.
— Espera solo cinco minutos, ya entenderás.
No tenía idea de por qué aquella respuesta me produjo un extraño presentimiento y sin saberlo todavía estaba a punto de descubrir que el campus entero parecía girar alrededor de un nombre que empezaba a resultarme peligrosamente familiar.
El rector dio la bienvenida, después hablaron los decanos luego los directores de cada facultad mientras que todo transcurría exactamente como Camila había predicho, formal, organizado y ligeramente aburrido aunque debía admitir que Novera sabía venderse increíblemente bien.
Cada presentación hacía parecer que estudiar allí era un privilegio reservado para unos pocos.
— Ahora sí... — susurró Camila de la nada.
Las luces del auditorio disminuyeron apenas, en la enorme pantalla apareció un video con imágenes del campus, laboratorios, bibliotecas, competiciones deportivas, investigaciones, graduaciones y finalmente un estadio, miles de personas, un gol y el público gritando y el nombre apareció en letras enormes.
ADRIÁN VEGA
Capitán del equipo futbol — Representante de la carrera Administración Deportiva
Parpadeé y mis ojos se abrieron como platos.
No, no podía ser.
Camila sonrió de inmediato — te dije que era famoso.
Las puertas laterales del escenario se abrieron y Adrián apareció así que por un instante pensé que era otra persona.
Llevaba una camisa blanca perfectamente planchada un blazer azul oscuro con el escudo de la universidad bordado en el pecho y un pantalón de vestir negro, el cabello seguía igual de desordenado pero ahora a pesar de eso parecía alguien completamente distinto.
Caminaba con una seguridad tranquila que no parecía arrogancia sino más bien seguridad, saludó al rector con educación, le estrechó la mano a los decanos, recibió algunos aplausos y después caminó hasta el atril.
El auditorio entero guardó silencio no porque se lo pidieran sino porque querían escucharlo y eso me sorprendió más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Tomó aire y sonrió apenas.
— Buenos días.
Su voz sonó completamente distinta, más tranquila, más cálida sin rastro del tipo insoportable del pasillo.
— Hace dos años yo estaba exactamente donde ustedes están ahora mirando todo esto y preguntándome si realmente pertenecía aquí…
Varias personas sonrieron mientras él continuó.
