33. ¡No quiero casarme!

—¿Cuál es tu maldita problema? —le siseó cuando chocó contra su pecho.

—¡Cuando te digo que te detengas, te detienes! ¿Entendido? —Él le agarró la barbilla con fuerza—. ¿Cuál es tu maldito problema? —le siseó de vuelta—. ¡Si no hubiera estado aquí, habrías saltado al fuego!

Su rostro se torció de ...

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