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ELEANOR

Unos días después, sonó el timbre de la casa.

No había nadie en la sala, así que pensé en atenderlo. Dejando el libro que estaba leyendo en el sofá, llegué a la puerta en unos segundos.

—Doctor Martin —dije abriendo la puerta de par en par—. Bienvenido a la casa. Por favor, tome asiento.

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