Capítulo 95 95

―No escojas una herida solo porque por fin dejó de sangrar.

Valentina levantó la vista.

Renata estaba sentada al borde de la piscina, con los pies dentro del agua y una toalla sobre los hombros. La mañana en Mar del Plata había llegado fría y gris.

―Qué manera tan alegre de saludar ―dijo Valentina.

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