Capítulo 36: Nuestra hija

Piero golpeaba los dedos, ansioso, sobre el volante de su auto mientras esperaba que Nerea regresara. Odiaba estar sentado allí sin hacer nada más que observar. Debería haberla acompañado al departamento de Vittoria, pero entendía que su presencia solo podía interferir en el comportamiento de la mad...

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