Tan dulce

Layla

Me besó, y nada más importó de verdad.

Lo único que podía sentir eran sus manos, sus dedos hundiéndose en mi cuello, el empuje de sus caderas al presionarse contra las mías. Mi cuerpo ardía, mi sangre hervía. La ropa me picaba, como una barrera, una imposición que se atrevía a interpon...

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