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—¡Oh, Dios mío, Syl, ¿estás bien?
Delphi es la primera en levantarse para saludarme cuando llego para el almuerzo. Me recibe con un abrazo que me aplasta la columna, tirándome hacia abajo hasta un nivel que ella pueda alcanzar. Para ser la más baja y pequeña de las cuatro, es sorprendentemente fuer...
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