Capítulo 25 Nada a la imaginación

Mateo siguió caminando, intentando mantener la compostura, aunque joder… su entrepierna estaba cada vez más incómoda.

Aquella mujer iba a acabar con su poca paciencia.

—Padre…

—Padre Mateo —lo llamó nuevamente Camila.

«No la mires. No la mires, Mateo. Si la miras, será como morder la manzana».

...

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