Capítulo 3 capitulo 3

Miró fijamente a Riana quien seguía derramando lágrimas, su expresión de dolor era terrorífica para Hunter quien tenía un pálpito muy malo en su corazón.

—Riana, ¿Dónde está mi esposa? —insiste, Hunter termina sentándose en la cama esperando una respuesta que parecía no llegar nunca.

—Hunter… —ella niega y sigue llorando.

—Nosotros, nosotros… un coche perdió el control, ella grito y yo esquive el coche, pero luego —levanta la mirada —. Ella no estaba a mi lado —aquel recuerdo le puso los vellos de punta —. ¿Dónde está? ¿Dónde está?

Ella solo negaba y lloraba…

—¡¿DÓNDE ESTA?! —Grita frustrado.

—Murió, mi hija murió en el accidente—la mujer se derrumba en el sofá y solo llora sin consuelo.

Él se queda inmóvil, respiraba con fuerza y luego fue que reacciona, niega y comienza a sacarse las agujas de su cuerpo violetamente.

—No, no, eso no…—Riana lo ve haciendo aquello y se pone en pie nuevamente para detenerlo.

—No, Hunter no, estas mal herido —lo detiene, pero él no la deja.

—Ella no está muerta, no es cierto… Vic, mi bebé, no, eso no es cierto —susurra mientras camina sin sentido por el corredor.

—Hunter, hijo no hagas esto.

Se pone en pie como puede, siente mucho dolor en su costado, su cabeza le iba a estallar en miles de pedazos y todo su cuerpo se quejaba por intensas puntadas, sin embargo, salió a buscarla.

Ella tenía que estar en otra habitación, su esposa no estaba muerta, eso era imposible…

—Hunterrr… por dios vuelve —grita Riana.

—NOOOOOO… ELLA NO ESTA MUERTA —le responde a los gritos, a lo que ella se cubre la boca.

Iba con el alma rota, no veía a su esposa por ningún lado y eso lo angustiaba. Solo pensaba en ella y su bebé, sus amores, sus tesoros no estaban.

En eso Alonzo sale del ascensor y ve a su yerno como loco arrastrarse por el corredor pegando gritos, el hombre corre hacia él y lo sujeta en el aire antes de que caía en el suelo.

—Hijo, cálmate…

—No, no, ella no está muerta —decía, para luego comenzar a llorar.

—Está bien, Hunter, está bien…

—Dime que no está muerta, Alonzo dímelo por favor —el CEO estaba derrotado en el suelo.

—Vamos muchacho, vamos a la habitación.

En eso, una enfermera apareció y le inyecto un poco de sedante a Hunter para tranquilizarlo. Con ayuda de otro enfermero, lo llevaron de vuelta a su cuarto y al dejarlo en la cama él ya estaba dormido.

Riana y Alonzo lo miraron y se tomaron de la mano.

—Ya está hecho… —dice Alonzo, a lo que su esposa aprieta su mano.

—¿Cómo se lo vamos a decir?

—Quizás no debamos hacerlo —Riana niega.

—Vic, no lo hubiera querido así. Debemos decírselo cuando este mejor.

—Se ha puesto muy mal, Riana. Saberlo lo matara.

La mujer llora, pero se mantiene firme.

—Su hija le dará fuerza, su bebé lo necesitara y él tiene que estar para ella de ahora en adelante.

—Pienso que es mejor que mantengamos eso en secreto.

—No, se lo diremos. Buscaremos un momento y se lo explicaremos.

Alonzo asiente y termina por abrazar a su esposa. 

—Lo entenderá…

—Eso espero.

Hunter dormía profundamente mientras era observado por Riana y Alonzo. Le esperaba un largo camino de curación, y no se trataba únicamente de lo físico.

[…]

—Vas a estar bien, te lo prometo; haré todo lo posible por que salgas de esto ¿sí? —Jhon susurra muy bajo contra la frente de su hija —. Abril, ¿me oyes?

—S-sí —responde débilmente la castaña y medio sonríe.

—Sí, eso está mejor, así me gusta que sonrías para papá —ella niega y derrama una lágrima solitaria.

—Pa-papá —relame sus labios —. Voy a estar bien —abre los ojos un poco —. Ya es suficiente, papi. 

El hombre cierra los ojos y aprieta los labios. No se iba a dar por vencido, todos esos años batallando con la enfermedad de su hija no iban a ser en vano, tenía que ayudarla. Ella aún tenía muchos años por delante.

—No lo digas, por favor, Abril no te des por vencida, lucha mi niña. Puedes hacerlo.

—Ya no tengo fuerzas, papi —traga saliva cosa que le cuesta y causa dolor —. Tienes… tienes que dejarme ir, ya hiciste todo por mí y estoy feliz —sonríe con dulzura.

—No… —musita soltando algunas lágrimas —. No puedo hacerlo, no me pidas eso. No me quiero quedar solo hija, no me dejes Abril.

La joven llora sin poder evitarlo, estaba tan cansada. Necesitaba descansar, ya no quería seguir tomando medicamentos costosos que la ponían mala, odiaba que su padre se preocupara, se endeudara, no comiera, no durmiera.

Cierra los ojos, ya quería irse y dejar de causarle tanto dolor a su papá. Él necesitaba descansar también, y rehacer su vida. 

—Papá, tienes que aprender a vivir sin mi presencia ¿ok? —la joven acaricia su mejilla con dulzura—. Prométeme que harás una vida, conocerás a alguien y serás feliz.

—No, no, no, Abril no te despidas. Por favor, todavía hay…

—No hay tiempo… —tose un poco —. Sabes que no lo hay, papá estoy tan cansada de verte sufrir por mí.

—Estoy bien, te lo juro —ella niega y sonríe.

—Mientes mal, papi.

Jhon trata de mantenerse fuerte, pero le dolía tanto saber que su hija ya se estaba despidiendo de él. Era algo que no conseguía asimilar, de hecho nunca lo hizo desde que le informaron la condición de su bebé.

—Tienes que prometerme que seguirás adelante, por mí, por mamá… promételo, papá.

—Abril…

—Por favor, necesito escucharlo —cierra los ojos.

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