Capítulo 52 El placer de lo mundano

En ningún momento dejamos de besarnos; solo nuestras manos seguían moviéndose, explorándose sin descanso, provocándonos con caricias que se volvían cada vez más placenteras.

Andrew abrió mis piernas con la suya y deslizó mi falda hacia abajo, dejándome únicamente con la blusa. Su mano libre se coló...

Inicia sesión y continúa leyendo