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Anastasia salió por la puerta de servicio a las cuatro y diez. Tenía una hora. Quizás una hora y cuarto si el guardia se distraía con el partido de la radio, cosa que solía ocurrir. Más allá de eso, alguien empezaría a mirar el reloj de la cocina y a preguntarse en voz alta cuánto se podía tardar en...

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