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Vladimir se dirigió a toda prisa a su habitación y cerró la puerta. Soltó un par de maldiciones. ¿Cómo demonios había permitido que las cosas llegaran a ese extremo? El dolor de la herida en la cabeza lo estaba torturando, pero no tenía tiempo para dedicarle ni un segundo.

Habían visto a Danielle. ...

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