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—Déjanos solos, Nikita —le dijo Vladimir sin molestarse en mirarla.

La chica no necesitó que se lo repitieran. Recogió sus cosas del suelo, salió con la cabeza baja y cerró la puerta tras de sí.

—¿Y a ti qué diablos te pasa? —le espetó Vladimir—. ¿Nadie te enseñó a tocar antes de entrar?

Anastasi...

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