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El teléfono no dejaba de sonar retumbando en el silencio de la enorme casa. Anastasia bajó las escaleras, extrañada. ¿Quién podía ser? Nadie nunca los llamaba a excepción de su padre, y él lo hacía siempre a una hora determinada... A menos que algo muy serio estuviera ocurriendo. Pero nada debía est...

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