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—¡¿Qué?! ¡¿Muerto?! —exclamó Danielle.

Tenía que haber escuchado mal: Vladimir no podía estar muerto.

—Sí —volvió a afirmar él mientras ella negaba con la cabeza—. Lo estuvimos buscando sin cesar durante estos días, y no habíamos tenido suerte. Hoy en la mañana alguien avisó a la policía que había...

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