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Vladimir sostenía el volante con una mano y tenía el otro brazo apoyado en el borde de la ventanilla, con la radio tan baja que apenas se escuchaba. Llevaba tres vueltas a la cuadra, lo más despacio que podía sin llamar la atención, y no pensaba perder de vista a esa chica.

Ese día andaba sola. Era...

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