Capítulo 2 Esto acaba aquí

—¿Por qué estás tan callada, amor? —Brian, mi novio me pregunta, sacándome de mis pensamientos.

—Mañana van a despedir a cinco personas, puedo perder el trabajo de mis sueños.

Brian coloca su mano templada sobre mi pierna. Mientras sigue conduciendo;

—¿Eso te preocupa? Cuando nos casemos, yo puedo mantenerte, amor. Ya te he dicho esto varias veces, quiero formar una familia contigo.

Brian es el hombre que había soñado desde pequeña. Es amable, atento, cariñoso, simplemente perfecto para mí.

—Trabajé duro para poder entrar, no es justo que mi nuevo jefe odie su vida y quiera arruinar al mayor número de personas también —me quejo— Es odioso.

Brian ríe— Seguramente tiene sus razones, pero no deberías preocuparte, todo el que te vea se pueda dar cuenta que eres una excelente trabajadora. Yo no podría aguantar los aromas con los que has tenido que trabajar, como el de mariscos...

En mi primera semana de trabajo, me toco trabajar con pescado crudo enlatado, un experimento que tarde más de cinco días en quitarme el aroma. ¡Se había impregnado en mi piel!

—Ha despedido a un empleado valioso de otra área, no creo. Me parece que mi nuevo jefe es un tremendo idiota.

Brian se ríe como si hubiese dicho el mejor chiste.

—Por cierto, el viernes nos ha invitado a cenar mi hermana, acaba de llegar su esposo a la ciudad, así que sería genial una reunión. ¿No lo crees?

«Su hermana». Brea es una hermosa mujer, pero eso no le quita que no nos llevamos bien.

—Ese día estoy algo ocupada —miento.

—Brea prometió no hacer comentarios inoportunos, está poniendo de su parte, además sabes que su esposo es mi mejor amigo, cariño. ¿Qué dices?

Brian me mira esperanzado. No puedo negarme.

—No puedo negarme a esta carita —Brian hace un mojito, así que no puedo resistirme a besarlo.

—Te amo, cariño. No sabes cuanto te amo, me encantas. 

(...)

—¿Qué dices, Dan? —pregunto sin entender.

—Georgia se ha ido. No quiso y eligió no despedir a nadie —Daniel mira al suelo— Ella tomó la decisión. Todo fue mi culpa, yo ensucié todo el suelo.

—Es una exageración del señor Miller —digo en voz alta.

Daniel alza la mirada y niega... ¿Cómo puede decir que no?

—¡Claro que sí! Nuestra área se ensucia todo el tiempo, porque hacemos experimentos que no sabemos si saldrán bien o no. ¡Es una tontería del nuevo jefe no tomar eso en.!. —Daniel se lanza colocando su mano en mi boca.

—Ya guarda silencio —susurra, haciendo que de la vuelta y... lo vea.

Mi atractivo pero gruñón jefe estaba detrás de mí. ¿Cuándo llegó? ¿Escuchó lo que dije?

—La veo en mi oficina en diez minutos —me dice viéndome fijamente, su mirada es tan penetrante, que debo bajar la mirada— ¿Me ha escuchado o soy demasiado tonto para darte una orden clara?

Siento mi cara caliente de la vergüenza. «Otra vez yo y mi bocota»

—Si señor —respondo en voz baja.

—¿Qué sí? —pregunta sin creerlo.

—No, no —levanto las manos en señal de rendición— Me refiero a que si he entendido su orden.

El señor Miller se va sin decir más, pero sé que mi momento ha llegado. «Estoy acabada».

La risa de Daniel me hace salir de mi trance, lo miro mal.

—¿Por qué no empezaste por allí? —le pregunto molesta— Lo he llamado tonto.

Daniel suelta a reír como un verdadero tonto. Mi pulso está vuelto loco, como arruiné mi propio puesto por habladora, debí elegir mejor mis palabras.

—Mejor —Daniel se esfuerza por hablar— apresúrate a ir a su oficina, puede que solo te dé un escarmiento... si no, te voy a extrañar mucho.

Le dedico una mirada enojada y salgo corriendo al elevador. Siento que sube tan despacio, que por un momento estoy tentada a subir corriendo.

—Será gruñón, pero he escuchado que es un mujeriego total... —un par de mujeres suben al elevador, así que doy unos pasos hacia atrás— Lleva solo unos días aquí y Hillary está diciendo que se lo ha follado.

—Es tan guapo y sexy, que sería un cuento de hadas que sea fiel —la mujer pelinegra suspira— Lástima que nos haya despedido, no tendremos oportunidad como Hillary.

Estoy casi segura que están hablando del señor Miller. ¿Mujeriego? ¿En serio se ha acostado con alguna empleada?

«Que falta de ética»

Han pasado ya cuatro minutos, así que salgo corriendo cuando las puertas se abren hasta el escritorio de la secretaria del señor Miller.

—Buenos días, señora. ¿Podrían avisarle al señor Miller que he llegado? Me ha pedido que venga a su oficina —explico tan rápido que no sé cómo no me he trabado.

—El señor Miller la espera, señorita.

Apresuro el paso para abrir la gran puerta, pero me congelo en la entrada con lo que veo. Mi sangre sube hasta mi cabeza, el calor me abruma y...

Capítulo anterior
Siguiente capítulo