Capítulo 3 Mi jefe inmoral
Mis piernas están congeladas, debería cerrar la maldita puerta, pero sus fríos ojos me detienen.
—Ah, ah —la mujer gime mientras es embestida por el señor Miller.
—Cierra la maldita boca —ordena él, poniéndole su gran mano en la boca de la mujer.
Sus ojos no dejan de verme, me muerdo la lengua para que el dolor me haga cerrar la maldita puerta.
«¿Pero que carajo le pasa? ¡Es nuestro jefe! ¡No puede existir relaciones en el trabajo!»
Camino a paso fuerte hasta el elevador para ponerme a trabajar. Debería olvidar lo que vi en un rato, no es para tanto... ¿No?
(...)
Sobre mi cama hay dos opciones de vestido, uno negro y otro azul, uno más retacado y otro... un poco más llamativo.
—El negro te hará lucir como eres tú realmente, Rissa —mi hermana sale detrás de mí— ¿A dónde irás?
—Un restaurante donde hizo reservación Brea —explico brevemente.
—El negro definitivamente, Brea va envidiar tus curvas cuando te vea, escupir veneno —bromea mi hermana— Se dará cuenta porque su hermano está tan enamorado de ti.
Mi hermana no es amante de la familia de Brian, sabe que la única persona decente allí es mi novio. La familia de Brian pertenece a una clase alta en la sociedad, la cual, claramente yo no pertenezco...
—El negro será, no quiero que Brian se desenamore de mí.
Mi hermana me ayuda a alaciar mi cabello, que normalmente es ondulado. Me ayuda a elegir mis zapatos y hasta mi bolso. Cuando me veo al espejo y me pone el collar de perlas que Brian me regalo, siento que es... demasiado.
—No creo que sea buena idea —lo toco con mis manos, es tan caro, que nunca lo he usado.
—Es una cena es algún lugar costoso, es un buen momento para usarlo, mírate, pareces casi una de ellos.
Devuelvo mi mirada al espejo, pero no me da tiempo de decidir si me lo dejo o me lo pongo, cuando el timbre de la casa suena.
—Ya llegó, será mejor que dejes ese collar en tu cuello, Brian se pondrá feliz de verte usándolo. Te lo regaló con amor, hermanita
—Tienes razón, me lo voy a llevar.
—Además, quien sabe que le tuviste que dar para que te diera algo tan costoso —me mira con doble sentido.
—¡Ay, cállate! —me rio y camino a la salida.
Mi casa es pequeña, aunque es cómoda ya que solo vivo con mi hermana menor, mi padre viaja demasiado por su trabajo, así que nos acostumbramos a estar solas.
Lo primero que me llega cuando abro la puerta, es la dulce colonia de Brian. Luciendo tan guapo en un traje gris claro.
«Gris como el de mi jefe»
—¡Wow! —Brian exclama viéndome con verdadera fascinación— Luces exageradamente buena hoy, mi Rissa.
Abrazo a Brian colgándome en su pecho, su calor me abraza en segundos, mientras él aprovecha a bajar sus manos un poco más abajo...
—Es bueno que te guste lo que vez —sonrío después de darle un pequeño beso.
—Me encanta, lo que no va agradar es que todos vean lo mismo que yo —su semblante cambia— Agradezco que estés usando el collar, al menos.
Brian a veces es... celoso. No puede ser un hombre perfecto.
—Voy a tu lado, no saldría vestida así sola —respondo caminando para que avance y no quiera que me cambie— ¿Brea ya va en camino?
—Si, ya ha llegado —responde con sequedad— No te alejes de mí, no quiero que nadie piense que estás disponible.
—No lo haré, amor —le prometo— No estés enojado ya. ¿Sí? No me hagas esta noche más difícil, recuerda que no me llevo bien con tu hermana y su esposo ni siquiera lo conozco.
Brian comienza a conducir, pone su mano en mi pierna y con una sonrisa me responde;
—Es mi mejor amigo, así que te caerá bien, cariño. Mi hermana lo enamoró por muchos años, le costó trabajo porque era un mujeriego.
Desde que empezamos nuestra relación, jamás había hablado tanto de su mejor amigo, mejor dicho, su cuñado.
—¿Un mujeriego es tu mejor amigo? Sabes que dicen que con quien lobos anda a aullar se enseña.
Brian se ríe— Quizá lo fui en su tiempo, pero me enamoré a primera vista desde que vi bailando, cariño. Me tienes a tus pies, me has curado.
—Que conveniente —bromeo.
Cuando al fin entramos al restaurante, veinte minutos después, justo cuando empieza el embotellamiento en la ciudad, notamos que Brea está sola en la mesa.
—Hola hermana. ¿Y Chris? —Brian saluda a su hermana dándole un abrazo, yo aprovecho a sentarme antes de que me obligue a abrazarla.
—Viene en camino, su nuevo puesto como director lo tiene ocupado estos días —responde Brea con su acento británico— ¡Es un placer volver a verte, Marissa!
—Lo mismo digo, Brea. Estuve emocionada desde que Brian me mencionó la cena —miento con una sonrisa amable en mi rostro.
Brian toma asiento a mi lado, la plática comienza y participo lo mínimamente posible, sin darme cuenta, ha pasado cuarenta minutos.
—Brian, podemos pedir, tengo hambre —le susurro al oído.
El esposo de Brea es un hombre impuntual, así que mi imagen de él, ya se ha dañado.
—¿Deberíamos pedir la....
La pregunta de Brian se ve interrumpida cuando una voz gruesa, detrás de mí, habla;
—Lamento la demora
